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Avatar de James Cameron

Custer contra los alienígenas

Martes 6 de abril de 2010, por Julio Ortega Bobadilla

Reseña de la película Avatar (USA, 2009) Dir: James Cameron. Actores: Sam Worthington, Zoe Saldana Sigourney Weaver, Stephen Lang.
 
La muy esperada nueva película de Cameron llegó en tercera dimensión y con la promesa de revolucionar la industria fílmica. Sus filmes anteriores que ya son muchos, han corrido suerte diversa: algunos éxitos incontrovertibles de taquilla, otros fracasos sin remedio. Todos han tenido como marca de diseño, recurrir a los efectos especiales y a un grupo elegido de actores encabezados por el gobernator Arnold Schwarzenegger. No puede negarse a Cameron que ha dado a luz algunas películas bien entretenidas que ahora son clásicos, especialmente en el rubro de la science fiction.
 
Esta vez, los actores no son los habituales y la única actriz reconocible de su reparto que podría nombrarse como célebre es Sigourney Weaver, quien desempeña un papel coprotagónico al que no le dedicó muchos esfuerzos, podría decirse ninguno.
 
La película, sin embargo, es hasta hoy la más taquillera de la historia del cine y además de haberse vuelto una de culto de la mass media, promete ser premiada masivamente en los Oscars, a pesar de no ser estéticamente tan bella y mucho más simple en contenido que la serie de El señor de los anillos, con la que pretende rivalizar dentro de los mitos del cine.
 
La película relata cómo un soldado parapléjico empeñado en demostrar su fuerza de voluntad y su utilidad bélica como marine a pesar de minusvalía, es puesto – merced a su ADN – en el lugar de su hermano en el manejo de un organismo biotecnológico que imita un miembro de una raza de extraños seres. Debido a un accidente queda atrapado en la exuberante selva alienígena de Pandora, explotada por una empresa trasplanetaria y es salvado, justo a punto de sucumbir, por una sensual humanoide semidesnuda con características de lagartija, que recuerda mucho a la televisiva Mafafa Musgito. Ella lo protegerá de las criaturas de Jurassic Park (1993) basada en sus presentimientos y un extraño amor a primera vista.
 
La historia que se despliega es plana y simple. Los humanos quieren apropiarse de un metal precioso negro que subyace especialmente en los terrenos del árbol que adoran y habitan los Na’vi, habitantes del planeta conectados a la naturaleza. Al parecer Cameron recurrió a sus asesores para crear un lenguaje y cosmos que fuese coherente con el concepto que él había imaginado. Dieron origen así a una civilización basada en la hipótesis Gaia, de James Lovelock y adoptada, en nuestro mundo real, por ecologistas y seguidores de la New Age. El filme es la repetición de una historia que ha sido contada múltiples veces en el cine norteamericano, pues basa su línea argumental en otras como: Pocahontas (filmada múltiples veces y especialmente en dibujos animados), y Danza con Lobos (1990). Cuentos fantásticos para la clase media que gustan mucho a los norteamericanos y que realzan la magia, la religión, la comunión con la naturaleza y el triunfo del amor sobre las diferencias idiomáticas, culturales, físicas, y hasta planetarias.
 
Plantado como espía por sus superiores, un nada carismático Sam Worthington (Jake Sully) aprende las costumbres, creencias y habilidades de una tribu de alienígenas producto de poner en la licuadora apaches, guerreros watussi, budismo zen, reminicencias de su celebrada pero a mi ver fallida Aliens (1986) - secuela de la extraordinaria Alien (1979) - y una estética anoréxica combinada con maquillaje Star Trek. Los Na’vi enseñan a Sully sus hábitos y tradiciones, de tal manera que éste, además de proporcionar información a los militares, va convenciéndose de las ventajas de la vida sencilla y del rechazo a la tecnología, que en este caso, aparece ligada mayormente a propósitos militares. La relación interespecie macho y hembra no difiere mucho de una Love Story al estilo Romeo y Julieta en Plutón, en dónde las diferencias entre las familias no son un obstáculo para que se realice un acercamiento entre los amantes a medida que el vínculo se incrementa y las dificultades se acrecientan: el amor y la voluntad vencen toda dificultad, en el trasfondo de una vida cercana a la naturaleza.
 
Sully roba a un aldeano a su prometida, la hija del jefe, para después volverse en favor de la defensa de sus minifundios y cumplir una vieja profecía, convirtiéndose en un Mesías guerrero que según Cameron aparece por primera vez, como parte de una trilogía que no creo poder soportar como espectador responsable con un mínimo de buen gusto.
La película que tiene la lamentable estética de un juego de XBox (y seguramente tendrá su versión, si no es que a estas alturas ya la tiene), resulta garrafalmente tonta para el público adulto y en exceso violenta para el público infantil, incluso también para el adulto que acaba mareado después de sufrir la tercera dimensión. Los recursos audiovisuales que han sido ensalzados por la publicidad no son, sin embargo, perfectos y sonido plus efectos especiales procuran dolor de cabeza y estimulación neurocerebral anómala. Hablan de las posibilidades de una técnica que necesita aún refinarse y la necesidad de otros contenidos, menos estúpidos. Recomiendo no ver la versión subtitulada, pues los letreros quitan atención y distraen de las acciones en pantalla.
 
Sin embargo, ha alcanzado en un mes, récords de taquilla (1300 millones de dólares, más que los 1120 del Señor de los Anillos), y entusiasmo por parte de muchos, que hablan del deteriorado gusto del espectador común de cine, acostumbrado a no ver críticamente los productos comerciales de la industria hollywoodense y sin conocimientos históricos del séptimo arte. Se trata de una metáfora del enfrentamiento de un mundo globalizado contra el tercer mundo, según la visión de un hombre que fue maquinista, camionero y conductor de autobús escolar, que entendió que lo suyo era el cine a partir de ver Star Wars (1977), en consecuencia, no puede esperarse que su visión sea la de Derrida, Alain Badiou, ni siquiera la de Tolkien. Dura prácticamente tres horas, se aconseja paciencia para el cinéfilo refinado.
 
Los soldados americanos, por otro lado, se tomarían menos reparos y molestias en intervenir militarmente como lo han hecho en Irak, Afganistán, etc. Desmerece mucho en relación a la última película de science fiction que vimos: Sector 9 (2009), hecha con un presupuesto mucho más modesto, menos pretensiones, menos fórmulas comerciales y con resultados estético filosóficos mucho más significativos

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