Hoy, según algunos artículos de
la literatura psicoanalítica, asistimos
a lo que denominan un Empuje
a la perversión, la observación mas allá de sus matices y alcances recoge en forma sucinta una cuestión de
actualidad: La pos modernidad ha liberado, casi hasta el hartazgo, el fastidio
y el aburrimiento de la sexualidad, junto con ello, observamos la caída de los
referentes, en particular los organizadores de la vida subjetiva
[2]
.
Junto con esa “liberación” el actual lazo social recurre a la penalización de
la sexualidad y del erotismo, de manera paranoizante, los órganos del estado
localizan aquí y allá el empuje a la perversión, de forma insistente cuando se trata del inicio de la vida sexual
y erótica de niñas, niños y adolescentes.
Detrás de cada sacerdote, llamado en el lenguaje coloquial “padre”, hoy
se “oculta” o se “revela” un posible criminal sexual
[3]
, en
cada núcleo familiar se oculta, según los medios y algunos pastores psíquicos,
una cueva de practicantes de la violencia “intrafamiliar”, inclusive, en los
medios masivos las publicidades destinadas a “proteger” a los infantes de tales
actividades, están cargadas de alertas frente a los miembros de la familia
[4]
.
Asistimos a una “liberación sexual”
acompañada de una creciente criminalización y penalización, en el
sentido de una nueva materia penal, como lo revelan las formas singulares y abyectas
[5]
de
las prácticas eróticas, baste como caso la pandemia del “abusos sexual contra
menos”, y las denuncias de prácticas pedófilas contra diversos personajes de la
iglesia y de la sociedad. El libro de Lidia Cacho, periodista y luchadora
social de Quintana Roo, “Los demonios del Edén” así lo muestra, un título de gran
contenido religioso. ¡¡Extraño!!
Aquello que estaba, estaría o habría estado al servicio de proteger al neóteno
humano de la muerte neurológica
[6]
, hoy
es el blanco de múltiples, y en demasiados casos objeto de ataques no
justificados, es decir no demostrados
[7]
.
Junto con ello los crímenes, p.e., el caso sonado del secuestrador apodado “El
mocha orejas”, que conllevan el asesinato o muerte son presentados sin dejar ni siquiera huella de su componente erótico y
sexual. El crimen se presenta como fuera del universo erótico y sexual,
mientras que las abyectas vidas sexuales quedan sometidas a procedimientos de
orden penal, judicial. En ambos casos asistimos a la ablación de un componente
nuclear del ser hablante, la fantasía.
Hoy en el año 2006 asistimos a
los cambios vertiginosos provocados por un tsunami que afecta a la naturaleza,
a la sociedad y a la cultura, su nombre es pos modernidad y sus consecuencias
son las de “acabar”, lo busque o no, con las formas anteriores de relación con
la naturaleza, de convivencia en la sociedad y con el lazo libidinal que daba
consistencia a la cultura. El
psicoanálisis ¿qué hará frente a ese cambio? Tomará a su cargo la proposición
de Ida Bauer, “de que todo tiempo pasado fue mejor” y entonces “combatirá” el
nuevo horizonte, social, la nueva con la naturaleza y las formas nuevas de lazo
cultural. Freud sin dejar de criticar y observar el malestar en la cultura de
su época inventó, propuso, desplegó vías para hacer frente a ese malestar sin
requerir un retorno no viable a un pasado que por caerse ya no se sostenía.¡¡A
palo dado, ni Dios lo quita!! El psicoanálisis y su práctica fue uno de los productos de un régimen
anterior, en esa situación el psicoanalista se hacía cargo, entre otras cosas,
de los efectos en el neóteno humano de
tener un cuerpo cubierto, recubierto y protegido por la libido. Eso no era sin
avatares. En nuestra actualidad ya vivimos ante un cuerpo que tiende a
ubicarse, ser ubicado y ubicarlo por fuera del componente libidinal, se trata
del cuerpo surgido del campo de concentración: un objeto de manipulación del
biopoder y su ley de la excepción, con
la consiguiente “fantasía” de omnipotencia absoluta. Las maniobras de entrada
al campo así lo indican: perdida del apellido, confusión de lenguas, establecimiento
de una lengua única –lenguaje de los funcionarios, unisexualidad del corte de
pelo y del uniforme, desprendimiento de las pertenencias “personales” e
inscripción en el cuerpo de un número
que formaba parte de la maquinaria para convertir el cuerpo en carroña –las
cenizas pavimentando los caminos. Una de las consecuencias de ese tsunami pos
moderno es que el actual sistema de producción capitalista mundial ya no
requiere, por lo menos, a nivel laboral de sostener las diferencias de los
sexos para la obtención de un plus valor. Hoy, por ejemplo, en la ciudad de
México, DF, los cuerpos de nuestros seres queridos pueden ser convertidos en
diamantes que podremos llevar con nosotros, almacenar en el alguna bodega
bancaria y hacerlos circular como un objeto más del mercado de valores de
joyas…queridas
[8]
,
Asistimos así a una singular efectuación del plus valor del cual Lacan habló en
relación al plus de goce.
Este horizonte no es el Freud ni
el de Melanie Klein, ni el de Anna Freud, ni el de Jacques Lacan y para
situarlo en el campo actual de la clínica y de la doctrina del psicoanálisis
propongo efectuar una disimulación de lectura con el texto de cabecera de
Sigmund Freud: Tres ensayos para una teoría sexual (1905, y sus múltiples y
sucesivas adiciones efectuadas en vida por su autor). Esa forma de leer, bajo
el régimen de la disimulación honesta, es a efectos de localizar las zonas de
agujeros, de existencia y de consistencia que hoy mantenga el filo vivo de la
práctica del psicoanálisis ante la novedad
[9]
.
A poco de cumplir ya ciento un
años de la primera edición de los Tres ensayos para una teoría sexual de Sigmund Freud, el lazo pos moderno nos exhibe un regreso a los momentos
previos a la invención del psicoanálisis por la vía de la sugestión y la teoría
de un trauma infantil, trauma al cual se le recorta, se le suprime, se le
inhibe, o se le impide revelar cualquier componente sexual y erótico con el que
se viste al infante para que logre llegar y sobrevivir en este mundo. El empuje
a la perversión se desplegaría ante un infante que como tabula raza, sin
ninguna escritura previa, sería la víctima propiciatoria de un adulto perverso
que a su vez lo pervierte, lo manipula, le “arruina” para siempre su
“inocencia”. Esto último recuerda con no poca frecuencia los consejos de las
abuelitas de antes para con sus nietas – y, quizás, también sus nietos- “Cuida
eso, si lo pierdes, te desgracias para toda la vida”. Hemos regresado a la
época en que la sexualidad y el erotismo son las marcas del diablo en el cuerpo
y como hoy Dios ha muerto, sólo los aparatos ideológicos del biopoder estatal y
jurídico se encargarán de perseguir a los “victimarios” y reparar la vida de
las “víctimas” ante el hecho de que el diablo toque, se introduzca o coloque
las manos en el cuerpo
[10]
.
Lo que una vez fue una comedia,
hoy es una tragedia, como lo recordaba en tono irónico Freud a su amigo, ese
rarito, de nombre Wilhem Fliess, en la famosa carta del 21 de septiembre de
1897:
Viena,...
Aquí me tienes de regreso desde ayer por la
mañana; remozado, contento, empobrecido y, por el momento, desocupado,
escribiéndote apenas hemos terminado de instalarnos. Permíteme que te confíe
sin más dilaciones el gran secreto que en el curso de los últimos meses se me
ha revelado paulatinamente: ya no creo en mis neuróticos. Es difícil que puedas
comprenderlo sin previa explicación, pues tú mismo has dado crédito a cuanto yo
tuve oportunidad de contarte. Así, comenzaré históricamente, señalándote de
dónde surgieron los motivos de mi actual incredulidad. El primer grupo lo
forman los continuos desengaños en mis intentos de llevar mis análisis a una
verdadera conclusión; las deserciones, precisamente entre aquellos pacientes
que por un tiempo parecían ser los más favorables; la falta de los éxitos
completos que tenía motivos para esperar; la imposibilidad de explicarme los
resultados parciales, atribuyéndolos a otras razones que las ya harto
conocidas. En segundo lugar, la asombrosa circunstancia de que todos los casos
obligaban a atribuir actos perversos al padre..., y la comprobación de la
inesperada frecuencia de la histeria, en la que siempre se cumple dicha
condición, siendo en realidad poco probable que los actos perversos cometidos
contra niños posean semejante carácter general . Más aún: la perversión tendría que ser
infinitamente más frecuente que la histeria, dado que la enfermedad sólo puede
producirse cuando los sucesos [las experiencias traumáticas] se acumulan y
cuando se agrega un factor que debilita la defensa. En tercer término, la
innegable comprobación de que en el inconsciente no existe un «signo de
realidad», de modo que es imposible distinguir la verdad frente a una ficción
afectivamente cargada. Queda abierta así la posible explicación de que la
fantasía sexual adopte invariablemente el tema de los padres. Cuarto, la
consideración de que ni aun en la psicosis de más profundo alcance llega a
irrumpir el recuerdo inconsciente, de modo que el secreto de las vivencias
infantiles no se traduce ni en el más confuso estado delirante.
Hoy, a más un siglo de freudismo
aplicado a la psicosis, perdón, a la perversión, perdón otro equivoco, también
a la neurosis, esa cantidad de tiempo deja su pregunta por pensarse de nuevo,
dicho de otro modo en el statu quo ante
[11]
.
Es decir, si en época de Freud y de la invención del psicoanálisis la vida
sexual y erótica se presentaba como comedia – recordar el teatro de la otra escena - hoy, eso regresa modificado como algo peor que una
tragedia. Se trata de algo más que una tragedia pues las formas diversas de la
declinación paterna, para indicar uno de los referentes nodales de la “teoría”
psicoanalítica, como bien lo señala Juan B. Ritvo: la declinación ha sido la
estructura misma de la paternidad que el psicoanálisis estudió
[12]
.
Sólo que hoy, a consecuencia de la muerte de Dios, no sólo como formulación de
F. Nietzche, el psicoanálisis está ante el hecho novedoso de estudiar una
subjetividad a posterior de ese duelo; estudiarla pues eso llega hoy a nuestros
consultorios.
El más allá de la tragedia fue
anunciado por Jacques Lacan, con cierto “pudor”, se trataba de una constatación a cargo de quién promocionó,
desplegó, inventó la función paterna y el campo de sus declinaciones; un día él constató un
hecho mayor de la clínica y de la doctrina: “No hay padre simbólico”
[13]
.
Cómo afecta eso a la tragedia, la afecta pues ya no estamos en el lazo cultural
de las tragedias greco-latinas, se trata de la actualidad, nótese, que Lacan
lanza a circular esa constatación en sincronía con el hecho de que en Francia - y luego en el conjunto de
Occidente- quedaba fuera de la legislación penal la institución del parricidio,
sustituida por los “crímenes de parentesco”, nueva institución que ha permitido
que una de las hermanas Vásquez –Buenos Aires, Argentina, 27 /03/2000- se encuentre, como dicen los juristas,
“gozando” de su libertad
[14]
.
Matar al padre desde esas fechas pasó a convertirse en crimen “ordinario”, un
crimen que admite atenuantes, en particular “psíquicos”, mientras que en otras
épocas el parricidio era “EL” crimen absoluto. Añadimos otro elemento nuevo: en
fechas recientes a mediados del mes de octubre del 2006, la comunidad económica
de los EEUU quedó sorprendida pues uno de sus miembros, millonario de la lista
de la revista Forbes ha tomado por esposa a su hija; esté caso se añade a la nupcias celebradas por
Woody Allen con su hija adoptiva hace ya varios años. Y si eso fuera poco
bastará con localizar que entre las nuevas técnicas de reproducción asistida,
se cuenta una, donde la madre de una hija facilita su aparato reproductor para
que le inseminen los óvulos de su “hija” y los “espermas” de su yerno para que
ella traiga a la luz un “hijo” de ellos. Este avance de la tecnología de la
reproducción socava los cimientos de la “prohibición del incesto”.
La biopolítica afecta el terreno
sexual y las zonas erógenas
Ante el actual empuje a la
perversión de parte del estado y su ejercicio de la biopolítica, conviene
detenerse antes de hacer “diagnósticos” o lanzarse a una desenfrenada labor
“interpretativa” de la vida de quienes viven su vida en el marco de lo que se
llamó homosexualidad o perversión, peor aún aventurar “pronósticos” que sólo
hipotecan la clínica del psicoanálisis y su doctrina no sólo ante esos
sectores, sino ante otros que son impactados por la actual vida sexual.
La actual vida sexual está
caracterizada por la separación cada vez mayor entre actividad sexual y
reproducción; separación que se acerca a cuestionar por la vía de las ciencia y
la tecnología la prohibición del incesto. Veamos, en fechas recientes Didier
Eribon, biógrafo- y quien fuera amigo muy cercano a de Michel Foucault – testimoniaba sobre las
posiciones vertidas por psicoanalistas frente a las parejas de la semejanza y que
las mismas accedieran a la paternidad por la vía de la adopción:
Cito algunos ejemplos de las afirmaciones extravagantes hechas sobre la
homosexualidad por representantes de diferentes obediencias psicoanalíticas.
Por aquel, que en las columnas de la Revue
Francaise de Psychanalyse, deplora, al ver pasar a la Gay Pride bajo sus
ventanas, que se corre el riesgo de que sea cada vez más difícil curar a los
homosexuales si deciden instalarse en la “denegación de su drama” (es una
cita), o también a ese otro que, jugando a los profetas del Apocalipsis,
anuncia que los niños “simbólicamente modificados” (es decir aquellos que
fueron educados por padres del mismo sexo) ya no sabrán hablar, puesto que el
acceso al lenguaje necesita ser construido por un padre y una madre… El
interrogante que se plantea es el siguiente: ¿Por qué esta violencia
discursiva, por qué estas idioteces que no son otra cosa que injurias con
respecto a las personas concernidas, pueden fácilmente expresarse en todos los
periódicos, en el radio, en las revistas… por doquier? ¿En qué se ha convertido
la función del psicoanálisis para que pueda convocarse de tal manera (y
complacerse en responder a tal convocatoria) en la arena política afín de
asegurar el control de las prácticas sociales, de legitimar el orden
establecido en nombre de un “saber” que exigiría que uno se opusiera a las
reivindicaciones que se abren paso en la sociedad, e incluso en las vidas
reales que ya tienen su lugar en ella? Y ¿de qué naturaleza es ese “saber”? ¿De
dónde viene? ¿Qué es lo que lo funda, o más bien qué es lo que funda su
eficacia?
[15]
Estas formulaciones tienen un
valor intrínseco para el psicoanálisis y su práctica: vienen de aquel que no es
ajeno a esa experiencia de vida que le toco vivir y con la cual vive. Él desde
su singularidad, digamos su carácter rarito nos ofrece un testimonio cuyo
contenido crítico, agudeza y filo conviene no desdeñar, debido a que el
psicoanálisis como otras prácticas subjetivas están siendo tentado
[16]
a
integrarse a la maquinaria del poder del actual lazo social. Judith Butler, filosofa estadounidense, figura nodal de la “teoría queer” en varios de sus
trabajos advierte al movimiento queer de las estrategias estatales y
del poder para integrarlo a sus redes, una de ellas es paradójicamente el
otorgamiento de derechos civiles para el casamiento y otros. Ella advierte que
no se trata de renunciar a los mismos, sino de estar advertidos de que el poder
“regala” y por eso mismo, luego requiere
una retribución, lo cual es el mínimo funcionamiento de la ley del don “Te doy
para que me des”
[17]
.
Nótese la sincronía con los esfuerzos de los organismos de salud, acompañados
de no pocas “instituciones” psicoanalíticas para promover la regulación
jurídica del estatuto del psicoanalista y del ejercicio del psicoanálisis, allí
se encontraran no solo las “malas bandas“de la IPA y sus tribus, sino también
varias “buenas pandillas” del heteróclito conjunto de los clanes “lacanianos”.
Las críticas de los teóricos
militantes del movimiento de homosexuales y lesbianas tiene una característica:
comparten con muchos psicoanalistas la confusión entre la práctica y la teoría,
por ejemplo, la cura en tal o cual caso, reúnen eso bajo lo que llaman
“teoría”. Como si de una a la otra (de una cura su “teorización”) hubiese un
continuo. Así mientras un psicoanalista realiza una practica en su consultorio,
a veces, se fuerza en la transmisión para darle lugar a la “teoría”; algo
semejante ocurre cuando se confunde a los militantes del movimiento “queer”,
sus formulaciones “teóricas” con la vida singular y cotidiana que puede afectar
a tal o cual sujeto “queer”, lesbiana, o gay. ¿Acaso el malestar en la cultura
es sólo patrimonio de los neuróticos heterosexuales? Mi experiencia con aquellos que acuden a mi
consultorio y se presentan como “homosexuales” refuta el pretendido monopolio
de los neuróticos respecto de ese malestar. Si así fuese sería conveniente
estudiarlo. Nada parece confirmarlo. Queda claro, por suerte que la doctrina
psicoanalítica se sostiene en una consistencia semejante a la del queso gruyere:
¿Qué sería de ese queso si se le suprimen, se obvian o se le exige carecer de
agujeros? Esos agujeros responden a un
hecho elemental: entre la experiencia de la cura –costado analista, costado
analizante- y la transmisión de esa experiencia hay una superficie discontinua
agujereada, que contiene lagunas, pantanos y selvas, sin descartar zonas
desiertas o “simples” páramos. El queso psicoanalítico sin esos agujeros
pasaría a tener el estatuto de otro queso.
Esa confusión tiene y ha tenido
un costo, mismo que no es del todo inocente, el psicoanálisis de Freud fue una
práctica de lo raro, el consultorio de Freud y sus textos reunía a partir del
ejercicio rarito del psicoanálisis –estructura mínima de cada cura analítica;
reunía a una serie de personajes muy raros, raritos de Viena y sus aledaños.
Luego, cuando el análisis, a partir de
1910, con su institucionalización y la recepción “internacional” recibió
su “bienvenida” al mundo “bien pensante” comenzó a pagar un precio por ese
“boleto” o “invitación” a participar del lazo social oficial
[18]
:
censurar los elementos conjetúrales
[19]
,
costado rarito de nuestra práctica y de nuestra doctrina. Repasemos algunas
rarezas del psicoanálisis inventado por Freud.
Anna Freud tenía una vida
subjetiva ligada al látigo y sus flagelos; el saber que ella elaboró de esa
experiencia, la suya, le permitió acceder a la condición de analista
[20]
,
hecho que luego no le impidió “impulsar”
una prohibición en el seno de IPA para excluir del ejercicio del psicoanálisis
a los homosexuales; Ernest Jones, el biógrafo de Freud no sólo tenía una
extensa carrera en el terreno del ajedrez, aún se publican sus textos sobre jugadas de apertura y finales; además
debió abandonar Canadá por una acusación
de “pederastería”
[21]
; Alix y James Strachey, pareja londinense,
James fue el encargado de la edición
inglesa de las obras del profesor vienés, ambos hicieron una cura analítica en
Viena (Bergasse 19, consultorio del Profesor), y esas curas, quizás, no fueron
ajenas a la honesta disimulación con la que lograron vivir sus respectivas
vidas eróticas: un matrimonio de
conveniencia que les permitía a cada uno tener la práctica erótica que los
habitaba y estar al abrigo de la persecución que las rodeaba. Como el lector
advertirá esta “aberración” e “impulso a la perversión” no fue ajena a una cura
analítica, además de que la “solución” de los Strachey
[22]
reproduce casi a la letra el sueño del “engaño” o ”engañoso” de Sidonie Csillag
[23]
presentado por Freud en “Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina”(T.
XVIII, Amorrortu , Buenos Aires, 1976); y por último, para no abarrotar al
lector de rarezas, recordemos la presencia en la vida doctrinaria de Freud de
Havelock Ellis, un australiano, personaje rarito de la época, de quien él tomó
el término “autoerotismo” y el de “narcisismo”; Ellis en algunas ocasiones fue
designado por Freud para leer en tal o cual congreso público un trabajo de
ambos o de Freud. Havelock Ellis era partidario de la “liberación sexual”;
propuesta que él llevaba a la práctica y que a pesar, de ciertas “opiniones”
más que apresuradas de parte de Jacques Lacan y otros lacanianos de Francia,
Ellis se ubicaba en la vanguardia de los
estudios de formas de la sexualidad y del erotismo alejadas
de los cánones de la normalidad. ¿No habrá sido ese el punto de
cercanía y anudamiento con el profesor?
Si faltaba alguna rareza, añadimos que Jones activamente le impidió a Freud
publicar tal cual sus escritos sobre la “telepatía”, donde acercaba ese
fenómeno paranormal –rarito- nada más y nada menos que a la transferencia,
Jones le advertía: eso pone en peligro las relaciones del psicoanálisis con la
ciencia . Y agregamos, además pondría a pensar a cada uno de nosotros, respecto
de nuestra forma de operar en la transferencia que provocamos y sostenemos
apantallando al analizante
[24]
.
Entonces, estos elementos por su
consistencia, existencia y agujero revelan que el invento del psicoanálisis y
la aparición del psicoanalista son una parte del horizonte de lo raro, de las
prácticas raritas, quizás por esa razón a Freud y también a Lacan, hayan sido
lo que hayan sido sus “formulaciones teóricas”, a ninguno de los dos se les
ocurrió excluir del psicoanálisis a quienes vivían
de forma rara la neurosis, la
psicosis o la perversión –tres formas de la normalidad. Forma rara pues cada
una de ellas comportan una adición: son eso más un análisis con un analista
hasta el fin de la cura. Esa es la razón por la que Freud mantenía respecto de
él y su práctica, la estrambótica “teoría” de que la ciudad de Viena se
resistía al psicoanálisis e incluso lo extendió a la cultura, quizás confundía
una forma de lazo social con los productos raros, el psicoanálisis entre ellos,
habitante de pleno derecho de la cultura urbana. Jacques Lacan exageraba las rarezas a las que brindaba albergue en su
diván, baste con recordar que definía al analizante como un psicótico con
síntomas neuróticos; o al psicoanálisis
como un autismo de dos; tomar en análisis
a una mujer que había sobrevivido a un intento de suicidio, intento donde murió
su bebe sobre quién cayó el cuerpo de ella; abrazar al analizante que iba a la
sesión con un elemento explosivo en sus ropas; incluso llego a decir con
claridad ”No es que el homosexual no se pueda analizar, sino que no encuentra un analista que lo escuche”; poner fin a tal o cual cura al cortar por lo sano, mediante una bofetada;
disolver al final de su vida, un monumento construido por él, la École Freudienne de Paris, ¿no son, cada
una de esos episodios, una serie de rarezas en acto?
Freud: Tres ensayos prácticos de la
disimulación honesta
Hemos escrito en varias ocasiones
“disimulación honesta”, bajemos las cartas y mostremos algo de su juego. El
artificio de la disimulación honesta anuda tolerar, callar y esperar, consiste en no hacer ver las cosas como son.
No se trata de un puro engaño o de un engaño a secas, sino de un descanso
necesario para ver en determinadas
vueltas de la vida aquello que el descanso deja ver, escuchar, decir, escribir.
Es una pausa que se da, por ejemplo, a una ocurrencia del analizante antes de
que la verdad allí contenida se haga evidente, para mostrarla en su tiempo
lógico. La disimulación puede naufragar, desaparecer, trastrabillar a
consecuencia de la llamada soberbia, la ira y la voluntad del poder, está última
justamente descansa y se apoya en el engaño.
Torquato Accetto fue un secretario de la
Italia barroca del siglo XVII, en la provincia de Andrea, en la casa de la
familia Caraza
[25]
. Escribió sometido a la
servidumbre de esa función cartas familiares, de cortesía, de negocios a nombre
de otro, p. e., Antonio Caraza. La disimulación honesta es una práctica
destinada a no padecer un daño, de ahí que se disimula lo que se es y se simula
lo que no se es. Esta práctica no es sólo retórica, no está solo confinada a
ella, es una parte de la vida para hacer viable abordar aquello de lo cual se
está prohibido hablar, escribir o transmitir
[26]
:
se trata de una práctica para sostener nuestra subjetividad a partir de los
elementos abyectos que la constituyen y sostienen, verbg.: quién no ha visto a
un infante gozar del juego que efectúa
con sus heces –un objeto abyecto- y el goce de su madre ante ese espectáculo no
conoce, en ocasiones, para “beneficio” de ese infante, límites.
La disimulación honesta del secretario Accetto
es una manera de silenciar su palabra” propia” para que por su voz el otro
hable ¿no es eso lo que suele ocurrir de manera cotidiana ante tal o cual
intervención del analista? Cuando él interpreta, p. e., ¿Quién habla en esa
voz? No por nada Lacan hablo en el hospital psiquiátrico de la función del
secretario del “alienado” (25/04/1956), función que desapareció con la
“enfermedad mental” y su orden clasificatorio.
A continuación le ofrezco al lector algunos
párrafos tomados del primero de los Tres ensayos para una teoría sexual,
intitulado: Las aberraciones sexuales. Y luego a renglón seguido incorporo
algunos interrogantes que se desprenden de su lectura disimulada.
Para explicar las necesidades
sexuales del hombre y del animal supone la Biología la existencia de un
«instinto sexual», del mismo modo que supone para explicar el hambre de un
instinto de nutrición. Pero el lenguaje popular carece de un término que
corresponda al de «hambre» en lo relativo a lo sexual. La ciencia usa en este
sentido la palabra libido
Freud al escribir el término “libido”
ignoraba o disimulaba aquello que introducía bajo el amparo de la ciencia. El
término libido, en latín, un lenguaje
caro a la ciencia de su época, indica: deseo, sensualidad, apetito desordenado.
El lector notará que Freud pasa y deja de lado a la “Biología” – ciencia- para
preguntarse por el “lenguaje popular”, digamos el lenguaje coloquial, el
cotorreo, el blablabla, y regresando a la “ciencia” introduce el vocablo
latino, término que hace aparecer en el “hambre” sexual el deseo.
La experiencia científica nos
muestra que tanto respecto al objeto como al fin existen múltiples
desviaciones, y que es necesaria una penetrante investigación para establecer
las relaciones que dichas anormalidades guardan con lo considerado como normal.
Otra vez la ciencia, en esta ocasión la
“experiencia científica”, le permite escribir sobre una desviación múltiple, de
grado tal es su multiplicidad que termina tejiendo un lazo continuo entre las
“anormalidades” y lo “normal”. ¿Cuál es el tema de este párrafo? ¿La
normalidad, la anormalidad? ¿Las múltiples desviaciones? ¿Una desviación
múltiple que va desde la anormalidad incluyendo la normalidad? Se disuelve así,
quizás, sin decirlo en forma directa
sino con disimulo la frontera entre
“normal”, “anormal”, “desviación” y “no desviación” respecto del objeto y el
fin. Añadimos un dato al margen, mejor dicho, al pie de página, en efecto este
apartado contiene al inicio una nota de referencia con los nombres de
Krafft-Ebing, Moll, Moebius, Havelock Ellis, Schrenck-Notzing, Löwenfeld,
Eulenberg, I. Bloch, M. Hirschfeld, y se menciona al Jahrbuch für sexuelle
Zwischenstufen publicados bajo la dirección del último de los autores
nombrados en la cita al pie. Freud descansa en ellos, ellos lo dijeron, no fue
él, sino que él sólo los tomó de esas recopilaciones científicas con aires
científicos. En México cuando un infante es pescado haciendo algo indebido o
una travesura suele decir “Yo no fui, fue Tete”, a semejanza del analizante qué
indica qué tal o cual decisión o dice tal o cual cosa pues “Me lo dijo mi
analista”. Además preguntamos a cada lector de esa época y el actual, ¿Cuántos
lectores de lengua española o castellana tienen a su alcance algunos de los
artículos de los autores citados o de la revista referida? Añadimos otro
interrogante para nuestro probable lector ¿Debido a qué causa aparece en más de
sesenta ocasiones la pareja de términos “normal / anormalidad” en este primer
ensayo? A qué se debe el diálogo constante basado en llamar algo anormal para
luego decir que es normal o viceversa ¿con qué objeto?
Para unos, la inversión es algo
tan natural como para el hombre normal la orientación heterosexual de su
libido, y defienden calurosamente su licitud. Asimismo puede conservarse
durante toda la vida, desaparecer temporalmente, no representar sino un
episodio en el curso del desarrollo normal, y hasta manifestarse en un estado
avanzado de la existencia del sujeto, después de un largo período de actividad
sexual normal. El empleo arbitrario del término «degeneración» suscita en este
caso, como en todos, múltiples objeciones.
Freud hablando de “aberraciones” describe que
la “inversión” es tan natural, no sólo natural, sino que tan natural como para
el normal la orientación heterosexual de su deseo. Es decir se apoya en la
comparación con la normal orientación heterosexual para definir el carácter
natural de la inversión ¡¡¡ Epa, acaba de borrar la aberración!!!
¡¡¡Desapareció su carácter de aberración!!! Y respecto de la “degeneración” un
término muy en boga en la psiquiatría y en la veterinaria de su época, respecto
de él no se mide, lo acabó quitándole consistencia, existencia y agujero pues
es objeto de múltiples objeciones
[27]
.
Luego, este primero de los Tres
ensayos para una teoría sexual contiene un largo pie de página:
Varios hechos nos demuestran que
los invertidos no pueden considerarse en este sentido como degenerados: 1º.
Porque se halla la inversión en personas que no muestran otras graves
anormalidades. 2º. Porque aparece asimismo en personas cuya capacidad funcional
no se halla perturbada, y hasta en algunas que se distinguen por un gran
desarrollo intelectual y elevada cultura ética. 3º. Porque cuando se prescinde
ante estos pacientes de la propia experiencia médica y se tiende a abarcar un
horizonte más amplio se tropieza, en dos direcciones distintas, con hechos que
impiden considerar la inversión como signo degenerativo. a) Debe tenerse muy en
cuenta que la inversión fue una manifestación frecuentísima, y casi una
institución, encargada de importantes funciones, en los pueblos antiguos en el
cenit de su civilización. b) Se la encuentra extraordinariamente difundida en
muchos pueblos salvajes y primitivos, mientras que el concepto de degeneración
suele limitarse a civilizaciones elevadas (J. Bloch). Hasta en los pueblos
civilizados europeos ejercen máxima influencia sobre la difusión y el concepto
de la inversión las condiciones climatológicas y raciales.
No es necesario tomar partido por tal cual ideología lésbico & gay para
observar que Freud excluye de la degeneración a la inversión y que su presencia
no implica “otras graves anormalidades”, pero más aún indica la necesidad de
que si se “prescinde…de la propia experiencia médica” se encuentra los
impedimentos para incluirla como “signo degenerativo”. Esto está escrito con
mucha anterioridad, alrededor de 80 años antes de que la Asociación
Psiquiátrica Americana retire de la lista de enfermedades a la
“homosexualidad”. Más aún Freud da otro paso: al separar la inversión de la
degeneración avanza en el estudio clínico de las formas de ejercicio de la
sexualidad y del erotismo de los neuróticos que eran, en su gran mayoría, los
miembros de su clientela, situación que aún hoy continua siendo vigente más
allá de Viena, pues se extiende hasta nuestros días y en nuestros países. Conviene subrayar que en nuestra
práctica, en el diván, suelen ser, por el momento, los “psicóticos con síntomas
neuróticos” quienes constituyen la comunidad de analizantes y esta situación no
parece cambiar por el hecho de que el analista tome posiciones ideológicas
sobre tal o cual práctica erótica.
Lacan al respecto se permitía señalar en una
de las crisis de su enseñanza que si bien “el objetivo de lo más escatológico” de un análisis no se alcanza más
que orientándose por una erótica, luego precisa: “Esto no nos hace por lo
tanto propagandistas de una erótica
nueva, esto sitúa eso que ustedes tiene que hacer en cada caso particular”
(Lacan, 1962).
Regresemos a la nota al pie del texto de
Freud, allí aparece citado Iwan Bloch, quien entre otras cuestiones acuñó el
término de “zonas erógenas” y que además edito en dos volúmenes Beiträge
zur Ätiologie des Psicopatía sexualis. El mérito de esta obra consistió
en documentar la invasión de las “aberraciones” sexuales en casi todos los
periodos de la historia. Bloch se pronuncia contra la visión puramente médica
de las “anomalías sexuales” pues ella no es suficiente ni eficaz para dar
cuenta de una explicación fundada de esas prácticas y por ello, él propone
enfrentar a la teorías “clínicos-patológicas” una concepción
“antropológico-etnológica” de hechos relativos a lo que se denomina “psychopathia
sexuales”
[28]
. De ahí Bloch avanza en una dirección, estas llamadas
“anomalías” en tanto fenómenos universales son “humanos”. Aquí conviene
detenerse en este término pues él es claro en algo, no es de una posición
filosófica, verbg.: el humanismo como filosofía, el autor reconoce en esas
“anomalías” una condición de los
humanos, no de seres extraplanetarios, o monstruos o animales ajenos al lazo cultural. Es importante
localizar esto en tiempos pos humanos como los actuales, allí donde el carácter
simbólico del sujeto vacila o se oscurece o desaparece, debido a la debilidad
misma del sistema simbólico
[29]
,
en estos tiempos entonces el humano es lo que representa a un humano ante
otro/Otro humano, así lo revelan las novelas de Philippe Dick con su tema del
cyborg y la pregunta sobre qué es un humano.
Bloch da
otro paso: reconocer como “fisiológicas” una cantidad de conductas o
actitudes o personalidades o formas de vivir la vida como tales y por ende no
“patológicas”. Establece la diferencia y oposición entre “fisiológico” y
“patológico”. Leo “fisiológico” no en el sentido de Arnold I. Davidson
(“fisiológico” sería “psicológico”
[30]
),
lo leo como indicando su carácter de estructura común y corriente, es decir
compartida y compartible y no la propiedad “patológica” de una organismo
enfermo y que habría entonces que someter a tratamiento por su bien. Ahí se
abrieron las bases para sacar del mundo médico las perversiones e incluirlas en
tanto fenómeno humano en el mundo de las vidas subjetivas de ese mundo.
La cuestión es subrayar un dato de lectura:
Freud leyó esos estudios, los tuvo presentes durante la escritura de sus Tres
ensayos para una teoría sexual. Hoy,
tenemos más de un testimonio para indicar el valor de sustento que para
Freud implicaban los datos antropológicos, etnológicos, datos que hoy con un
exceso de facilidad pretenden reducirse a su componente de formar parte de las
manifestaciones del campo del lenguaje, suprimiendo su lugar de datos
reales. Indico un caso: si establecemos
con precisión conjetural el dato real de que el “hombre de los sesos frescos”
se colocó frente a una vidriera de un
restaurante y vio su imagen reflejada conteniendo el menú, ese real es la causa de su decir, y es claro que eso
lo dice, por ende lo incorpora al torrente simbólico del hecho de hablar
dirigiéndose a otro, sólo que de ahí no se puede suprimir que esa experiencia
real lo condujo a hablar. El lenguaje y el simbólico no funcionan solos y al
margen de los datos de la vida vivida, de ahí que la precisión conjetural del
trauma indica que se trata de una experiencia extrema y mortífera vivida en
tiempos de una crisis vital y partir de allí X o Y hablan tratando de dar
cuenta de eso.
Freud testimonia de esto último pues la
lectura Iwan Bloch, nos muestra que él tenía esos datos y eso le permite
escribir una serie de cuestiones que subvierten las formulaciones de su época
respecto de la sexualidad y el erotismo, incluso más aún, eso le permitirá
localizar que la vida erótica y sexual no es del orden de la normalidad sino
que cada una de las vidas humanas vive esa experiencia en el orden de la
singularidad y la particularidad. Los “excesos”; las “desviaciones”, las
“degeneraciones”, las “anormalidades” de la vida en el lecho -o en la mesa, en
el ascensor o en el cine o donde cada quien lo lleve a cabo- son componentes
compartidos por todas y cada una de las formas humanas: sean neuróticos,
perversos o psicóticos. Las vidas sexuales y eróticas de quienes acuden al
diván tienen una anormalidad compartida, cada una de ellas descansa en el valor
de un objeto abyecto y de las abyecciones que con él se sostienen. Indiquemos algo:
por la vía del goce, funcionando quizás como coartada, tenemos, en
psicoanálisis pocos elementos aún sobre la vida sexual y erótica de los
llamados psicóticos, el goce del Otro/otro pareciera reducir la vida o las experiencias sexuales y
eróticas de los llamados psicóticos. Es claro que esto, estudiar esa vida, sólo
será válido para aquellos “psicóticos” que acuden al consultorio de un analista
o de aquellos de los cuales un analista se ocupa leyendo los testimonios
de esa experiencia, como lo reveló Freud con el “caso Schreber”, único de sus
casos que lleva con orgullo su nombre y apellido. Y eso Freud lo hizo jugando
el juego de la disimulación honesta: dado que la ciencia ubica a los locos como
fuera de la sociedad, respecto de ellos no es necesario guardar el secreto de
su nombre y apellido, más aún Freud sin “decirlo” inscribe la experiencia de Schreber en el marco de las
experiencias de un humano que tiene nombre y apellido, los animales carecen de
esa nominación. Si eso es poco o mucho, cada quien lo evalúa, sin embargo no se
podrá borrar un dato real: están desde el inicio las cartas de identidad del
protagonista del caso Schrebrer.
Retornemos Tres ensayos para una teoría
sexual (1905). Ahora, quizás el lector puede también hacer suya una
observación sobre el título del texto, allí el término “sexual” califica a una
sustantivo “teoría”, por ende estamos ante una teoría que está tomada como
objeto de un componente sexual
[31]
,
así contrariando el espíritu “serio” de las comunicaciones científicas y académicas
Freud muestra y demuestra que el ejercicio teórico es un ejercicio sexual y
erótico. Eso revela que las disputas
“teóricas” en el psicoanálisis de las diversas pertenencias doctrinarias, son
disputas encarnizadas debido al elevado componente sexual y erótico de tal o
cual elemento teórico, así dejamos abierto el interrogante sobre la
factibilidad de que haya o no polémicas, debates o discusiones doctrinarias
entre los psicoanalistas: ¿Cómo hacerlo cuando está en juego un objeto cargado
por un componente sexual y erótico?
Freud hacia el final del primer
ensayo, Las aberraciones sexuales,
presenta como un muestrario de aberraciones a las que en el curso mismo del
texto les va borrando, una por una, el carácter de “aberración”, para hacer de
ellas un elemento común y compartido por la diversidad de vidas subjetivas.
Allí él escribe:
Si reunimos lo que
la indagación de las perversiones positivas y negativas nos ha permitido
averiguar, resulta sugerente reconducirlas a una serie de «pulsiones parciales»
que, empero, no son algo primario, pues admiten una ulterior
descomposición. Por «pulsión» podemos
entender al comienzo nada más que la agencia representante {Repräsentanz}
psíquica de una fuente de estímulos intrasomática en continuo fluir; ello a diferencia
del «estímulo», que es producido por excitaciones singulares provenientes de
fuera. Así, «pulsión» es uno de los conceptos del deslinde de lo anímico
respecto de lo corporal. La hipótesis más simple y obvia acerca de la
naturaleza de las pulsiones sería esta: en sí no poseen cualidad alguna, sino
que han de considerarse sólo como una medida de exigencia de trabajo para la
vida anímica. Lo que distingue a las pulsiones unas de otras y las dota de
propiedades específicas es su relación con sus fuentes somáticas y con sus
metas. La fuente de la pulsión es un proceso excitador en el interior de un
órgano, y su meta inmediata consiste en cancelar ese estímulo de órgano.
Nos interesa
subrayar que en este párrafo no se trata sólo de las perversiones, sino de
hacer y proponer de forma disimulada una diferencia clara entre el campo del
psicoanálisis y la práctica medica, o al menos, lo más clara posible en las
condiciones de Freud.
La pulsión impide cualquier
reducción al ejercicio de una función biológica, más bien al contrario el
carácter de la pulsión, el baño de libido que ella impone- a la manera de las
palabras impuestas
[32]
- son la condición de posibilidad misma para que un neóteno caiga, su segundo
nacimiento, en el mundo humano y se humanice
[33]
.
La escritura de la disimulación honesta de
Freud no tiene concesiones, cuando más se parece a la moral e ideología de su
época en Viena, más nos muestra con calma y serenidad otra cosa, y allí en esa
otra cosa no hace una loa a una forma de vida, sino que interroga cada una de
ellas, de allí que él escribe sobre la “composición”, p. e., como la mostrada
por un cuadro surrealista, de la pulsión y de las pulsiones parciales, eso fue
viable pues él se atrevió a efectuar una
disimulación erótica ante el vuelo de las aves racionales.
Este vuelo, quizás, nos indique algo respecto
de cómo abordar el tema de las pulsiones parciales cuando asistimos a una época
donde su anterior reunificación bajo el primado fálico de la reproducción, para
citar sólo un lugar, está siendo cuestionado por los avances de la ciencia y la
tecnología de la reproducción
[34]
.
Acaso seguiremos cerrando los ojos ante una época pos humana – pos motherna -
que propone establecer y establece la función del “arquitecto” para sustituir o
desplazar o declinar o, quizás, hacer desparecer la función paterna, entre
otras cuestiones
[35]
. Ante esos temas nuestra
práctica clínica y doctrinaria ¿Está vacunada? ¿Será auto inmune? ¿Está
protegida vaya a saberse por qué clase de “subjetividad” o “privacidad” o
“sujeto” ajeno a la cultura donde practicamos? ¿No estamos ofreciendo así las
posibilidades concretas para que el psicoanálisis desaparezca como síntoma del
mal estar en la cultura? La pos modernidad toca uno de los pilares de nuestra
práctica, el triángulo: sexualidad, muerte, represión; ya tocó de manera
directa la sexualidad, y avanza sobre el tema de la muerte y se esfuerzas por
“sustituir” la represión por el orden jurídico, no parece conveniente mirar
hacia otro lado frente a esas maniobras ¿O si?
Alberto Sladogna
Psicoanalista,
México, DF, Tlalpan,
19/11/2006
sladogna@prodigy.net.mx
asladogna@hotmail.com