PROEMIO
El presente trabajo versa
sobre la constitución de la categoría de Sujeto dentro del psicoanálisis y de su aportación al sustrato científico de la
psicología, debido a que la mayoría de las veces, dentro de la historia de las ideas de ésta, se
encuentra una demarcación de las prácticas que entorpecen la ética de la
escucha, quedando bajo la discrecionalidad de las pericias terapéuticas que se
han cifrado bajo el paradigma de una higiene social. De esta manera, se
considera necesaria la reflexión epistémica orientada a la distinción de los
métodos y abordajes teóricos de cada disciplina para diferenciarlas en la
práctica clínica, con la finalidad de poder hablar de una propuesta teórica que
permita clarificar el abordaje del psicoanalista partiendo de la teoría establecida
por Freud, hecho donde la revisión epistemológica tendrá voz principal al
encarar la difícil tarea de confrontar a la psicología y al psicoanálisis desde
un sustrato científico mas no cientificista. Del mismo modo, se buscará
realizar una crítica sobre los baches en los que puede caerse al realizar una
instrucción teórica con “orientación psicoanalítica” (pero sin despegar los
pies de la tierra psicologicista), para dar realce a la formación básica de un
analista que logra clarificar su objeto de intervención, y sobretodo, cuestiona
su propio saber en aras de obtener una ruta de liberación del discurso frente a
una ideología que, con el paso del tiempo, busca la erradicación de la
subjetividad bajo diversas metodologías
del borramiento que van de la mano de la técnica. Será bajo este tétrico
panorama que el aporte del psicoanálisis, vía la categoría de Sujeto, primeramente en lo teórico y
luego (tras la clarificación de este conocimiento), en el ambiente clínico, que
se pretenderá fundamentar el paso de futuras modificaciones en el operar de
varios psicoanalistas en formación que cuentan con una matriz psicológica y que
dada la pobreza reflexiva de ésta, se encuentran aislados de la epistemología
psicoanalítica.
Para
iniciar, es conveniente mencionar que a lo largo de la historia de la
psicología se destaca el acercamiento de esta disciplina al orden de la
ciencia, ya sea por medio de la cuantificación, de la verificación; mediante el
empirismo de sus propuestas o de la
construcción de leyes que supediten a los seres humanos a conductas adaptativas
conforme la sociedad lo estipule según la ideología imperante. Por lo que uno
de los problemas que aún se manifiesta en las reflexiones de los investigadores
se refiere a la consideración de la psicología como ciencia. La concepción de
las ciencias se ha visto identificada con el paradigma positivista, el cual se
caracteriza por ubicar una construcción
teórica cuyo fin es conceptualizar lo empírico. Ante esto, Didier Deleule
(1972)
[2]
menciona
que la psicología se ha enfrascado en una determinación ideológica propia de
todas las ciencias, sin embargo, aquella operaría dentro de un proceso de auto
constitución como ciencia cuyo contenido se agota en una determinación
ideológica, mientras que disciplinas científicas como la física y la química,
por mencionar algunas, sólo poseen un fundamento ideológico debido al inicio de
la conceptualización dentro de ellas, el cual ha sido superado por la reflexión
teórica de sus orígenes. De esta forma, la psicología se orientaría a la
importación de métodos y técnicas que difieren de su objeto de estudio
basándose en ideales cientificistas derivados del paradigma positivista.
Una muestra
de lo anterior, se observa en el autor anteriormente citado, quien al hablar
del behaviorismo como la primera concepción coherente de la psicología moderna
con vocación científica, extrae unas palabras de Watson:
“El interés con que el behaviorista
mira las acciones de los hombres es algo más que el interés del
espectador, lo que él quiere es controlar las reacciones humanas al igual que
los físicos quieren controlar y manipular cualquier otro fenómeno natural. La
tarea de la psicología del comportamiento consiste en ser capaz de prever y
controlar la actividad humana. Para llevar a cabo este cometido deber recoger
los datos científicos con la ayuda de los métodos experimentales”
[3]
A
esto se le suman las palabras de Canguilhem en su texto “¿Qué es la psicología”
(1956) donde menciona:
“La
psicología, es una filosofía sin rigor porque bajo el pretexto de objetividad
es ecléctica; es una ética sin exigencia porque asocia experiencias distintas
sin ninguna crítica y, por último una medicina sin control ya que funda su
hipótesis en la observación de enfermedades que nunca llegan a ser inteligibles,
las enfermedades mentales”.
[4]
Así, el surgimiento del psicoanálisis tendrá un papel
relevante en esta pretensión científica, pues para Freud, esta disciplina
teórica se constituye como una infraestructura, o inclusive el fundamento de la
práctica psicológica. Esto conlleva a la reflexión de los preceptos teóricos de
ésta, para poder establecer una relación entre psicología y psicoanálisis
frente a la apuesta científica de la primera, para lo que en este trabajo, se
tomará la noción de Sujeto como una
aportación que permita elucidar los sinuosos caminos orientados al debate
filosófico por el cual se ha buscado comprender la apuesta psicoanalítica como
una teoría de la subjetividad. Por consiguiente se hace pertinente la
aclaración del término Sujeto, con el
que se trabajará a lo largo de este escrito.
LOS ORÍGENES
DE
LA CATEGORÍA
“SUJETO”
Comencemos mencionando que
este término es identificable, primeramente, en el pensamiento filosófico,
desde donde se establecerá como categoría, dando paso a su estudio en
diferentes periodos como lo muestra la historia de la filosofía, desde los que se puede orientar una búsqueda
desde la epistemología
Pereyra
(1979)
[5]
realiza una aclaración rigurosa del término Sujeto refiriendo que de acuerdo a la
etimología latina significa “lo que está puesto debajo” o “lo que se encuentra
en la base”, por lo que se explica una cierta relación del término con la idea
de sustancia. A esta noción se le distingue del significado ontológico, desde
donde se buscará ubicarlo como el ente que está en la base sustentando la
realidad que dependerá del mismo. Así, también puede encontrarse una definición
epistemológica partiendo de la oposición del sujeto al objeto, entendiendo al
primero como la base de las relaciones activas con el segundo quien tendrá un
papel de pasividad.
Tras observar lo anterior, se pueden
desprender ciertas ideas con respecto a la noción de Sujeto, pues siendo éste
el representante de la actividad en cuanto a la relación con el objeto, puesto
que da paso a una especie de sostén de la realidad, entonces puede ubicarse su
definición como una categoría del pensamiento filosófico que sustentará la
realidad misma a partir de su alejamiento con la sustancialidad, contrariamente
a la utilización de la categoría de Hombre bajo la que se fundan las ciencias
humanísticas, situando un ente sustancial entroncado con el Yo que da forma de
receptor de la racionalidad.
Tomando
como punto de partida lo anterior, y de
acuerdo con Escobar (1999), en la historia actual de la filosofía se tomará
como referencia inicial la figura del cogito cartesiano, la cual desde
la modernidad, busca vislumbrar un pensamiento que se piensa a sí mismo y que
en su pensar reconoce su existencia. Lo anterior, entonces, dará paso tanto al
movimiento racionalista como a lo impensable que parece regir la presencia
misma, abriendo un camino a un “más allá de la razón”.
[6]
Será en este
proceso en donde el psicoanálisis encontrará importancia para este estudio,
pues busca mostrar los límites de la categoría de Hombre, en aras de revelar
que la imagen del Yo en la que se sostiene el Hombre en cuanto empiricidad, ha
de desvanecerse dando libre pensamiento al terreno sobre el cual el Sujeto, como categoría, se funda,
logrando una escisión entre el Yo y el Sujeto.
De este modo,
el psicoanálisis, podría ubicarse en una posición crítica con respecto a las
ciencias humanas, situándose en un punto de discusión de la noción de Sujeto y con ello en un cuestionamiento
de una duplicación empírico trascendental heredada de Kant bajo la moderna
figura del Hombre, donde puede buscarse una aproximación científica en tanto
proveniente de los impensados de la ciencia, pero en oposición a la misma al
orientarse a la explicación sistemática de los procesos psíquicos que se
apartan de la racionalidad.
De acuerdo con esto, la modernidad que inaugura
Descartes, conlleva a una nueva concepción de la subjetividad, en la cual el Yo queda reducido a mera res cogitans, a mera “sustancia
pensante”. De manera obvia para este autor y la tradición que le seguirá, en la
subjetividad no existen elementos no conscientes. La crítica de esta idea
clásica de subjetividad alcanza en Freud,
y posteriormente en Lacan, un lugar no superado por ninguna filosofía
posterior.
Así, se fundamenta el hecho de que las ideas de
Freud hayan llegado a convertirse en una verdadera aportación al estudio de la
subjetividad, justificando las repercusiones de esta corriente en el terreno
filosófico del siglo XX, y en particular en los autores postestructuralistas,
dentro de los que destacan nombres como Michel Foucault y Louis Althusser, por
mencionar algunos. Por lo que, gracias a esta reflexión filosófica, se pondrán
a la luz los diferentes problemas de la psicología al llamarse a sí misma “ciencia”.
Lo anterior puede abordarse a través del análisis de factores comunes entre las
diversas escuelas que conforman la disciplina psicológica, las cuales, en la
búsqueda por la unificación, se someten a preceptos cuantitativos tratando de
dar cuenta de un objeto clarificado, más no abordado, en comparación con las
aproximaciones psicoanalíticas sobre su objeto de estudio, la conformación del
aparato psíquico.
De esta forma, al hablar del sustrato teórico de la
psicología, se observará su relación con la filosofía desde la epistemología
clásica, entre la división sujeto- objeto, la cual se alejará del psicoanálisis
en la primacía de la categoría de Sujeto.
Bajo lo antepuesto, es pertinente la aclaración de
la utilización de “sujeto” con minúscula cuando se hable de esta epistemología
dual, en oposición al manejo del término “Sujeto” con mayúscula cuando se haga
alusión a los postulados provenientes de una reflexión rigurosa de dicho
término al pasar al rango de categoría filosófica, proveniente de las ideas
mantenidas por la epistemología francesa de los sesenta partiendo de la
aproximación estructural.
Lo que se propone es
entonces la clarificación del entramado teórico de la psicología, bajo ideales
basados en términos epistemológicos clásicos, desde donde se apuntará a la
emergencia de la categoría Sujeto como una apuesta desde el psicoanálisis, siendo éste, un campo teórico que si
bien parte de una premisa contraria a la psicología, pues no comparte la idea
de un universalismo, permite una
profundidad en el estudio de la
formación de la conducta, objeto de estudio de la psicología, desde las
nociones de implicación, causalidad y relación con el lenguaje.
Así mismo, la clarificación de la apuesta científica del
psicoanálisis como proveniente del discurso científico es denotada por Lacan
con base en el surgimiento del Sujeto de la ciencia y su oposición al Sujeto del Inconsciente, relación que procura la clarificación y explicación de ambas.
RE-FLEXIÓN
DE
LA
APUESTA PSICOLÓGICA
:
LA SUBJETIVIDAD EN
PSICOLOGÍA
Dentro
del campo de estudio de la psicología existen conceptualizaciones vagas acerca
de los fundamentos que la soportan como una ciencia, al grado de proclamarse
como tal sin necesidad de una reflexión sobre su propia constitución.
De entrada aspectos como el objeto
de estudio, el método de abordaje, la diversidad de escuelas dentro de la misma
disciplina, la formación de una teoría que explique el objeto, el acercamiento
a un paradigma científico que limita el acercamiento al objeto de estudio
(paradigma positivista), además de concepciones como causalidad e implicación,
causan un bache teórico dentro de la psicología, alejándola de sus pretensiones
científicas.
Nociones importadas del pensamiento filosófico
como la categoría de Sujeto, soportan
en sí mismas una reflexión previamente autorizada en cuanto a su aplicación
dentro de diversos esquemas teóricos mencionados anteriormente. Por lo que, de
esta manera, se trata de mostrar que por la carencia de ésta categoría, pueden
producirse efectos nocivos en la elaboración de una determinada teoría
psicológica, para así terminar con la propuesta de extraer desde el
psicoanálisis el re-planteamiento de la subjetividad para mostrar su
funcionalidad en las tendencias científicas de la psicología, no sin antes
repensar la concepción de cientificidad desde otro enfoque igualmente teórico
que observe, desde otro punto, el acercamiento a un problema de la antigüedad
como lo es la relación sujeto (yo) - objeto, en contraposición a la llamada epistemología
crítica francesa en su abordaje de la historia de las ciencias.
Cómo se ha mencionado anteriormente, la categoría
que pone el énfasis en el Sujeto, es
decir, desde donde se conocerá (no “hacia” donde se conoce) es la llamada
subjetividad en el sentido estricto de una noción partida de la filosofía que
refiere a un constructo teórico, pero que también por la clínica que se pueda
hacer de la misma será, a su vez, concreto.
Si el
discurso objetivo apunta al conocimiento del objeto en forma neutral y
verificable, el discurso subjetivo surge desde lo afectivo del investigador
(por ello la subjetividad es importante en el contexto de descubrimiento, y la
objetividad en el contexto de justificación). Mientras por un lado, un cierto
discurso científico, busca destacar la importancia de la objetividad en la
ciencia, P.K. Feyerabend (1992)
[7]
, destaca los aspectos
subjetivos del científico, como creencias, ilusiones, deseos, etc.
En la
subjetividad no se explica, se pretende explicar, y las tesis filosóficas que
le subyacen son: el subjetivismo, el idealismo y el empirismo de Berkeley, por
mencionar algunos. Dentro de la psicología, se encuentran por ejemplo a
Scheler, Jaspers, Brentano y el mismo Freud, desde donde se partirá hacia la
búsqueda de una conceptualización de la subjetividad.
En una ruptura
con algunas visiones unilaterales de la mayoría de las perspectivas
psicológicas, la teoría psicoanalítica trata de ver a la subjetividad como
producto o síntesis de todos los factores (orgánicos, sociales y psíquicos) que
participan en su construcción. En el caso de Freud ello puede verse en su
noción de “series complementarias” (la vinculación entre aspectos hereditarios,
constitucionales, infantiles y actuales), y la lectura que muchos psicólogos
hacen de su obra en general en cuanto a postulados de la clínica, así como de
sus trabajos llamados sociales, como: Psicología de las masas y análisis del
yo (1921), El malestar en la cultura (1929) y El
porvenir de una ilusión (1927)
[8]
.
De esta lectura surgirán diferentes variantes que pueden verse en perspectivas
tan diferentes como el freudomarxismo de Wilhelm Reich y otros, el
psicoanálisis culturalista (Sullivan, Fromm, Horney), el etnopsicoanálisis, el
esquizoanálisis (Deleuze y Guattari) e incluso teorías de la personalidad como
el humanismo (Maslow y Rogers), la teoría Gestalt (Perls), el cognoscitivismo
(Piaget) y las diferentes facetas de la psicología social (Moscovici).
Ante esto, Canguilhem (1956) comenta que la extensión de
los estudios de psicología amenaza con imponer una teoría del sujeto similar a
la cartesiana, es decir la del Sujeto de la ciencia: un Sujeto pensante, calculador,
analítico y racional: “La teoría del
sujeto de la psicología es una falsa teoría del sujeto pensante”
[9]
. Por esto, privilegia el papel de la
teoría freudiana desde el estatuto de una subjetividad con una teoría del Sujeto alterna, es decir, sin rayar sólo
en el subjetivismo y adecuando la categoría filosófica de Sujeto de modo que pudiera entenderse el entramado de prácticas que
rodean su construcción.
Por otra parte, para Lacan (1966) en “Ciencia y Verdad”
[10]
,
el cogito cartesiano inaugura
la vía de la ciencia moderna, por lo que ha sido necesario este paso para el
surgimiento mismo del psicoanálisis, en tanto que el Sujeto sobre el que éste opera es el de la ciencia. Esto puede
parecer una paradoja, pero se trata de pensar que el psicoanálisis opera sobre
el deshecho subjetivo que la ciencia excluye, pero que sin embrago da paso a su
nacimiento.
De esta forma se emprenderá un acercamiento dentro de la
relación del psicoanálisis con la práctica científica, a fin de clarificar la
emergencia de éste en la psicología, con la idea de buscar una aproximación con
los postulados de las que se menciona portadora.
EL PSICOANÁLISIS Y SU
RELACIÓN CON
LA CIENCIA
Al hablar sobre las posibles relaciones entre
el psicoanálisis y la ciencia en general, el resultado es una trama amplia de
debates que generan una extensa polémica, en particular si se contrasta al primero con las ideas
provenientes de la psicología, que como se trató anteriormente, se autoproclama
dentro del orden de las disciplinas científicas.
Al respecto puede existir una
aparente disparidad y alejamiento entre los postulados de las psicologías y los
provenientes del psicoanálisis, sin embargo Freud desde los inicios de la
teoría psicoanalítica nunca quitó el dedo del renglón al hablar de éste como
una parte complementaria de la psicología, siendo que el objeto de estudio es
la conciencia vía la conducta. Las palabras escritas dentro de la conferencia
35 de las Nuevas Lecciones de Introducción al Psicoanálisis (1933), otorgan
testimonio:
“Su contribución a
la ciencia (de parte del
psicoanálisis) consiste precisamente en la extensión de la investigación al
terreno psíquico. Sin una tal psicología, la ciencia sería ciertamente muy
incompleta. Pero esta incorporación de la investigación de las funciones
intelectuales y emocionales de los hombres (y de los animales) a la ciencia no
modifica en modo alguno su posición general, pues no trae consigo nuevas
fuentes del saber ni métodos nuevos de investigación”
[11]
De esta forma el
psicoanálisis aportaría un procedimiento que permite estudiar la conciencia a
través de procesos inconscientes reguladores desde el interior del Sujeto para así producir los efectos
conocidos como comportamiento. Braunstein (1975) al hablar sobre la psicología
en su relación con la ciencia menciona lo siguiente:
“¿Por qué dicen que todo este
trabajo de la mejor psicología académica no es científico?”(...)”porque carece
de los conceptos explicativos, sistemáticamente estructurados, que podrían dar
cuenta de los hechos observados, de las leyes deducidas y de los modelos
producidos. Fundamentalmente, porque da por presupuesta la existencia de un
sujeto más o menos homogéneo que se enfrentaría con un medio exterior a él con
el que puede o no entrar en conflicto y en el que debiera producir una conducta
adaptativa”.
[12]
En relación con lo anterior, es
amplísima la gama de problemas que el cruce con la ciencia genera ya sea en
tanto la ciencia se acerca al psicoanálisis para plantearle exigencias, ya sea
por cuanto el psicoanálisis, en función de la problemática que trata, no deja de interrogar a su vez a la ciencia,
y de paso a la psicología, de múltiples formas y con diversos grados de
intensidad en el mayor sentido filosófico.
Por ello, el psicoanálisis parte ante
la ciencia con una hipótesis que interroga directamente el reinado del sujeto
de la razón, en beneficio de un estatuto inconsciente invisible e indemostrable
en sentido empírico; sin embargo, por otro lado, se erige como un saber con
conceptos sistemáticos, ostentando la calidad experimental por medio de la
práctica clínica.
En
palabras de Lacan (1964):
“...con respecto a esa ciencia (La
ciencia única) hemos de situar al psicoanálisis. Y sólo podemos hacerlo
articulando al fenómeno del inconsciente la revisión que hemos hecho del
fundamento del sujeto cartesiano”.
[13]
Por
lo anterior, el psicoanálisis se ofrece así como blanco, debido a que su
discurso sobre lo psíquico lo
podría encasillar como una versión
esencialista, cuyo sustrato material no es claramente visible, perdiendo sus
características de demostrabilidad, falsación y objetividad. Desde este punto
se entendería entonces al psicoanálisis como un antagonista del procedimiento
científico mientras su principal sustrato se encuentro del lado de lo
inmaterial y alejado de la conciencia ligada a la razón.
La
reacción de los teóricos del psicoanálisis ha sido diversa, por una parte,
algunos de los apegados a la letra freudiana sostienen que la práctica psicoanalítica
se desarrolla por entero conforme a los postulados de la ciencia. Por otro
lado, otros teóricos han preferido delinear rutas alternativas, como es el caso de Michel Tort (1987)
[14]
quien unifica al psicoanálisis con
la práctica científica a través de la unión del primero con el materialismo
histórico, hecho que es mostrado por Braunstein, Saal, Beneditto y Pasternac en Psicología, Ideología y Ciencia (1975)
[15]
, quienes otorgan una muestra de la
sustentabilidad de este acercamiento al proponer una ligadura entre los
aparatos ideológicos provenientes de la teoría de Althusser con los procesos de
sujetación (vía las formaciones del inconsciente) que se verían explicados por el
psicoanálisis. Así, la emergencia de la construcción de la categoría de Sujeto en el psicoanálisis se hace
indispensable para lograr una comprensión de la manera en que la ideología
interpela a los individuos y los constituye como sujetos. Bajo esta postura se
tratará en adelante de proponer una relación entre el psicoanálisis y la
práctica científica, partiendo del paso del Sujeto
de la ciencia, proveniente del cogito, al Sujeto del psicoanálisis, desprendiéndose de la teorías de Freud y
Lacan.
EL SUJETO DE
LA CIENCIA
Einstein reconoció en su momento la verdad de
los descubrimientos de Freud sobre la naturaleza de lo humano y solicitó su
opinión para encontrar alguna solución al estallido de la guerra, como lo
demuestra en la carta escrita y publicada en las obras completas de Freud bajo
el nombre de El por qué de la guerra (1933) donde éste menciona:
“Es bien sabido que, con el
avance de la ciencia moderna, este ha pasado a ser un asunto de vida o muerte
para la civilización tal cual la conocemos; sin embargo, pese al empeño que se
ha puesto, todo intento de darle solución ha terminado en un lamentable
fracaso”
[16]
Pero, cuando la ciencia ha tenido un
lugar significativo en los procesos sociales, ha logrado ubicarse respecto de
ellos con atención a la razón, dejando a un lado los efectos que ésta logran
sobre los sujetos, quienes se ven movidos por las pasiones. Es por eso que
resulta importante considerar el desconocimiento en materia de psiquismo tanto
de aquellas disciplinas que están del lado de lo exacto (física, química,
biología), como de las ciencias llamadas humanísticas (antropología,
sociología, la misma psicología). Resulta casi impensable sostener la
disociación entre la ciencia y la noción de Sujeto ya que ello toca aspectos procedimentales cuando de aplicación de los
conocimientos científicos se trata.
Partiendo
de que el objeto de investigación para el psicoanálisis es el psiquismo, y que
allí radican las razones profundas que mueven a ciertos hombres en aplicaciones
aventuradas dentro del proceso científico, se puede entonces afirmar que la
ciencia se ve observada por el psicoanálisis. Desde este punto, vale decir que
el poder de la ciencia para poner en práctica
sus descubrimientos deberá considerar a su vez el efecto psíquico que se
puede ejercer sobre los humanos, así como el mismo efecto de creación y descubrimiento
dentro de la misma se verá también sometido a consideración.
Ahora
bien, de todo el abanico de disciplinas que estudian la subjetividad, el
psicoanálisis se ubica en el centro mismo del problema ya que aborda la
actividad psíquica desencadenada por las pasiones. Por su parte, parece que la
ciencia idealizándose a sí misma, da la espalda al único problema que merece
ser abordado, es decir, determinar el puesto del Sujeto de la ciencia en una concepción total del Sujeto construido en la psique.
El problema radica en que el Sujeto de la ciencia se considera
depositario de un saber verídico, indivisible y determinado por la razón, por
lo tanto no habría posibilidad alguna de
poder emitir un juicio digno sobre esta categoría, a menos que se le anteponga
el orden de lo contrario, un Sujeto con un saber alejado de lo escindido y
alejado de la razón por las pasiones, colocándose en una posición más allá de
la ciencia, pero sin embrago, partiendo de ella. Así, la noción de Sujeto en el
psicoanálisis ubica su posición alrededor del discurso científico tratando de
explicar su proceder mediante los modos de funcionamiento psíquico, ya que a la
ciencia éstos le son ajenos a pesar de que sus construcciones teóricas parte de
estos puntos.
A lo anterior, se le puede anexar el
comentario de Lacan en el seminario de
la Lógica
del Fantasma en la clase del
12 de abril de 1967
[17]
donde propone que la misma ciencia
da paso a la creación de la idea del inconsciente, pues es a partir del vacío
que ésta genera por medio del lenguaje, es que el inconsciente hablará desde
ese sitio, entendiéndose que la ciencia al expulsar al Sujeto, lo relega a una
función que sólo por medio de considerarse efecto del lenguaje es que podrá dar
cuenta de su existencia como efecto de ese vacío. Por lo que puede concluirse,
desde este punto, que el efecto de la ciencia es alejar el espacio inconsciente
de su práctica al privilegiar la unificación de la conciencia, la razón y la
individualidad, pero es a través de su anverso que puede comprendérseles. Por
consiguiente la noción de Sujeto de la ciencia sólo encuentra validez al
contraponérsele la categoría de Sujeto del Inconsciente quien da cuenta de
aquella y de sí misma.
A su vez,
la teoría lacaniana con fundamento en Freud clarifica la estructuración del Sujeto del Inconsciente. Evans (1997)
menciona dicho término en Lacan es tratado desde diferentes puntos de vista. En
los primeros ensayos, éste teórico adoptaría una equivalencia con el ser humano, para posteriormente, en 1945
optar por la noción de Sujeto, ligada al orden de la
singularidad, la cual se constituiría mediante un acto de auto afirmación,
proceso que daría lugar a la distinción entre el Yo y el Sujeto, entendiendo al primero como parte del orden de lo
imaginario mientras al segundo se le concede un estatuto simbólico orientado
por el lenguaje: cimiento de lo inconsciente.
[18]
A la par,
puede verse que la pretensión de plantear una teoría de la estructuración
subjetiva se fundamenta en la falta que ocasiona el lenguaje, así también como
la relación con el Otro que permitirá la subjetivación, pero sobretodo, se
aborda el surgimiento del vocablo Sujeto bajo la idea de (como mencionara Lacan en el Seminario XI) un término que se
aleja de la sustancia viva, que se aparta de la idea de sustancia y del saber
propio del pathos y el logos,
bajo una ramificación del Sujeto cartesiano que da paso a la ciencia, la cual
surge por un reconocimiento de la incertidumbre.
[19]
En un momento
de la enseñenza lacaniana (1965-1966) el punto principal recae sobre la
definición de las características que tendrán que formularse para poder hablar
de una categoría filosófica como lo es la de Sujeto, para esto Lacan se valdría de una conceptualización creada
por él mismo, el Sujeto de
la Ciencia
devenido del cogito cartesiano.
Lacan al hablar de la necesidad científica de partir del Sujeto de la ciencia y de su objeto
dentro del Seminario XIII El Objeto del Psicoanálisis en la clase del 8
diciembre de 1965 anuncia:
“Tal
estructura es necesaria para que un corte determine el campo por una parte del
Sujeto, tal como es requerido como Sujeto de la ciencia y por otra parte, el
agujero donde se origina un cierto modo de objeto, el único a retener, aquel
que se llama objeto de la ciencia”.
[20]
Posteriormente
tocaría el tema de la cientificidad de la noción de Sujeto del inconsciente partiendo del efecto de vacío que se da por
el lenguaje en su Seminario XIV sobre
La Lógica
del Fantasma en la clase del 12 abril
de 1967:
“Lo que ocurre no es que la ciencia obvie
al sujeto, es que lo saca del lenguaje, lo expulsa. Crea fórmulas de un
lenguaje vacío de sujeto. Parte de una interdicción sobre el efecto de sujeto
de lenguaje, esto no tiene más que un resultado: demostrar que el sujeto no es
más que un efecto de lenguaje, pero que es un efecto de vacío”.
[21]
A
la par de lo anterior, Lacan en el mismo seminario, partirá de la categoría
cartesiana de cogito otorgando al Sujeto del Inconsciente el carácter de
científico dado su origen contrario a la racionalidad imperante en la ciencia.
Procurando a su vez, el paso no a la conciencia sino a la hendidura del Sujeto en tanto dispuesto a allegarse a
un saber que lo complementaría. Así nace el Sujeto del Inconsciente, tratando de vislumbrar aún más esa falta originaria dentro de
él.
Eidelsztein (2001)
agrega que deberá existir una cierta delimitación entre las concepciones de
ciencia y saber. Este autor maneja la posibilidad de un acercamiento de la
ciencia como una maniobra sobre el
saber, acentuándolo en cuanto a la necesidad que se despierta sobre el saber.
[22]
Según este autor, podría
originarse una definición del conocimiento, explicándolo bajo una relación
directa entre el sujeto y el objeto
donde el primero tomaría el lugar del Yo, como se ha usado en las concepciones
clásicas de la epistemología que dieron origen a la psicología. Mientras que
para el psicoanálisis se pugnaría por hablar de un desconocimiento como parte
de la función yoica que se involucra con la contra cara que da margen a una
concepción del Sujeto.
Dicho esto, puede pensarse
desde Lacan que la ciencia forcluye la verdad pero el psicoanálisis devolverá
esa verdad por medio de su apuesta por la subjetividad, tal como lo menciona
Lacan en
La Ciencia
y
la Verdad
de 1966.
[23]
Retomando las ideas de Lacan
con respecto a la fundamentación del psicoanálisis partiendo de la ciencia,
éste comenta en El Sujeto por fin
Cuestionado (1966):
“Sólo se prepara
una teoría adecuada a mantener el psicoanálisis en el estatuto que preserva su
relación con la ciencia”. (...) “Que el psicoanálisis nació de la ciencia es
cosa manifiesta. Que hubiese podido aparecer desde otro campo es inconcebible”
[24]
A lo anterior puede sumarse lo
ya visto desde Freud quien pondría el acento en la división del Yo, ante la
verdad propia de los procesos singulares de cada sujeto en su artículo sobre El
Yo y el Ello (1923).
[25]
Lo real de todo Sujeto, es que éste sólo existe en la
división. Precisamente para escapar de esta división del sujeto aparece el
fenómeno de la escisión como condición necesaria en tanto él mismo está tomado
por el lenguaje. El Sujeto nace de un
corte y no es más que este corte entre el significante que lo representa y el
Otro como dador de significante que autentifica esta representación. Está
dividido en su ser entre un Sujeto del deseo, producto de este corte lenguajero,
y su relación con el objeto @, donde parte del cuerpo erótico será cedido para servir de garantía a la verdad,
tras la falta en el Otro de un significante último que responda por su valor.
En suma, está dividido entre un Sujeto inconsciente de la enunciación que se manifiesta vedadamente desde la pulsión,
y un sujeto del enunciado en el que
se representa por medio del lenguaje.
La distinción de los registros
de lo real, lo simbólico y lo imaginario permite a Lacan ubicar una parte del
Yo freudiano dentro de la función imaginaria, diferente del Sujeto, efecto de lo simbólico, pues con
la presentación del nudo borromeo, Lacan describe la estructura del Sujeto como efecto de la escisión, pero
también bajo un anudamiento específico de los tres registros. Por el contrario,
la ausencia de escisión entre estos tres registros, su puesta en continuidad,
constituiría lo característico de la paranoia, es decir, del fracaso en la
subjetivación.
Por
lo tanto, se puede afirmar que la importancia del estatuto científico en la
noción lacaniana de Sujeto radica en
su emparejamiento con la idea de una racionalidad ilusoria del dominio omnipotente y unitario
causando una escisión, constituyente de
dicha categoría epistémica, que tendrá como resultado el espejismo persistente
del Yo (moi) de lo imaginario que se
toma como Yo (je) de lo simbólico,
poniendo en evidencia la carencia de las explicaciones científicas de la
psicología cifrada en la parte imaginaria de los procesos anímicos. Veámoslo
ahora desde el inicio de la ciencia, desde su génesis partida del
descubrimiento.
EL PROBLEMA DEL DESCUBRIMIENTO CIENTÍFICO
Hace ya algún tiempo se ha detectado una sustancial diferencia
entre la lógica que implica el presunto
descubrimiento científico y aquella que sostiene los pensamientos que
dan cuenta de la demostración científica. No han sido pocos los pensadores que
han puesto de manifiesto este hecho. Cabe retomar, los análisis de Feyerabend
(1992)
[26]
, para quien la razón no ha estado
presente en el momento del descubrimiento, sino que a lo largo de la constitución
de las ciencias, en lo que respecta a sus grandes hallazgos, se acerca más al
arte.
En
todo caso, parece sorprender la falta absoluta de información al respecto del
descubrimiento científico; no ha sido un tema que ha preocupado ni a los
expertos en ciencias ni tampoco a aquellos que se dedican a investigar sobre la
actividad psíquica. Hay que aceptar que el tema no es de fácil investigación;
sin embargo, se podría tener la impresión de que no se le quiere atribuir
alguna particularidad significativa que pueda mostrar la distancia extrema
entre la fecundidad del descubrimiento y el rigor de la razón demostrativa,
relegando a ésta a un proceso azaroso que determina a la conducta.
No
deja de llamar la atención que cuando hablamos del momento del descubrimiento
estamos haciendo referencia nada menos que
a los orígenes del pensamiento científico y de su relación con la
verdad. Por ello la importancia de su estudio. Tal vez se pueda decir que el error
de K. Popper según Nosnik y Elguea (1985)
[27]
, se sitúa en atribuirle al
pensamiento una homogeneidad a lo largo de su desarrollo, desde el momento en
que se postula una idea nueva hasta que la comunidad de sabios la acepta, es
decir, desde las primeras conjeturas hasta la refutación que pueda surgir de la
misma. Dicho proceso podría muy bien suponer tres momentos diferentes, a saber: el pensar del
descubrimiento (conjetura), el pensar de la contrastación (demostración) y,
finalmente, el pensar de la falsación.
Es aquí donde entra a jugar el
psicoanálisis debido a su abordaje sobre los modos de pensamiento considerados
de naturaleza inferior por el racionamiento científico (tal es el caso de las
formaciones del inconsciente). He aquí un desconocimiento por descalificación;
sería sencillo suponer que las investigaciones psicoanalíticas solamente
agregan elementos no tomados en cuenta anteriormente. En realidad, progresos realizados sobre estas formas de
pensamiento desvalorizadas han mostrado
que los mismos terminan determinando las otras, entendidas como más avanzadas.
Dicho de otro modo, resulta que casualmente la riqueza del pensamiento se
encuentra allí en las formas originarias, más que en los pensares de los
siguientes momentos. El problema planteado no deja de abrir una brecha significativa al interior
del método científico ya que se encuentra cuestionada entonces su unidad,
independientemente del campo en que se aplique y aunque se sostenga la
necesidad de su adecuación según la ciencia en cuestión, hecho que para Nosnik
y Elguea (1985), el mismo Popper proponía distanciar de la práctica teórica de
la ciencia dentro de la búsqueda de un postulado del surgimiento del
pensamiento científico.
Pero
más aún, parece que la aplicación del método científico resulta viable y
produce resultados reconocidos cuando la realidad material opone los estándares
de objetividad. Caso similar ocurre cuando se efectúan abordajes del psiquismo
humano, por medio de nociones de corte humanista que objetivan al Sujeto. Por ello, se antepone la
advertencia lacaniana con respecto al cogito cartesiano y su relación con el nacimiento de la categoría Sujeto del Inconsciente. Debido a que, para Lacan, existe una
fractura central a partir de la frase “Pienso
luego existo” donde se constituye la confrontación, y después unión entre
el Sujeto de la ciencia y el Sujeto del inconsciente, ya que el
segundo parte del primero en tanto se aleja de la relación Yo – conciencia
atribuida a la categoría de Hombre.
Lacan, en el Seminario 11 en la
clase del 22 de abril de 1964 refiere:
“Prenderé la función del cogito
cartesiano del término feto u homúnculo. Ya que viene ejemplificada por la
caída, que no ha dejado de producirse en la historia de lo que se llama el
pensamiento, que consiste en tomar ese yo del cogito por el homúnculo que,
desde hace tiempo, es representado cada vez que se quiere hacer psicología
-cada vez que se explica la inanidad o la discordancia psicológica por la
presencia-, en el interior del Hombre, del famoso hombrecillo que lo gobierna,
que es el conductor del carro, el punto llamado en nuestros días de síntesis.
Este hombrecillo ya fue denunciado en su función por el pensamiento
pre-socrático. Por el contrario en nuestro vocabulario, simbolizamos por S
tachada ($) al sujeto, en tanto que constituido como segundo con respecto al
significante”
[28]
Este
análisis resulta fundamental, partiendo de que el cartesianismo se encuentra en
la génesis del pensamiento científico, ubicando una postura con respecto a la
crítica que se ha realizado a los abordajes de la psicología con base en las
humanidades.
En
conclusión, y de acuerdo nuevamente con Escobar (1999)
[29]
podrá entonces decirse que el Sujeto se objetiva a sí mismo en un
Yo, al que el psicoanálisis debe deconstruir para mostrar la dimensión fundante
del deseo y por consiguiente dentro del marco de lo simbólico.
Del mismo modo, hablamos de un
nuevo espacio de interrogación sobre la subjetividad, donde se parte de la
ruptura de la relación mente/ conciencia/ Yo; dando paso a la aparición del
terreno del Sujeto relacionado con la
mente inconsciente, es decir, la redifinición del terreno de la antropología
filosófica tras la desaparición de la
moderna figura del Hombre.
CONCLUSION
Dado lo
anterior, se da paso al debate desprendido de la propuesta de orientar futuras reflexiones
dentro de la teoría psicoanalítica, tanto en su relación con otras ciencias de
la subjetividad como en la búsqueda de su propia clarificación al adoptar una
posición frente al comportamiento humano complementaria a la psicología.
A lo largo de
este trabajo se ha tratado de fundamentar desde las tesis lacanianas la
categoría de Sujeto con la única
finalidad de apuntarlo como principal directriz de todo estudio del psiquismo
humano, para de este forma sostener una propuesta de análisis de la disciplina
psicológica, retomando del psicoanálisis sus principales aportaciones en
materia de la construcción de la subjetividad, dado que éste permite hablar de
una verdad directa sobre los procesos que rigen el comportamiento en los seres
humanos, por lo menos en lo que concierne al enfoque de un aparato psíquico
constitutivo de los procesos psicológicos conscientes pero tomando como
referencia el factor inconsciente como orientador.
De este modo, se consolida un proceso crítico
de la racionalidad como mecanismo básico de la concepción de la ciencia
sobretodo en lo que respecta a su categoría empírico-racionalista, es decir,
desde los procesos ajenos a la razón podrá ejercerse una liberación de los
discursos ideológicos sobre los que se cifra la psicología al proclamarse como
ciencia, buscando un basamento empírico demostrativo, el cual no ha logrado
desentrañar esa otra parte que corresponde al deseo, y en general a la
emotividad que cae dentro de lo irracional.
Ejemplo
de lo anterior se encuentra en las palabras de Michel Tort (1987) cuando se
refiere a las aportaciones de la epistemología psicoanalítica, pues para él, el
freudismo dimanó objetivamente en el estallido del racionalismo crítico por
efecto de las ciencias humanas posteriormente convertidas a la subjetividad.
[30]
El
psicoanálisis se ha caracterizado en la historia de las ideas como una
disciplina que se encuentra bajo una reflexión constante de sus propios
términos y conceptualizaciones, este hecho da paso a una serie de cuestiones
con respecto a las disciplinas autodenominadas como científicas, donde el
carácter ideológico que las precede trata de ser borrado mediante el paso de la historia y de los avances tecnológicos
de los que se mencionan poseedores.
Sin embargo, los temas abarcados desde el psicoanálisis,
partiendo de Freud y Lacan no son lo únicos que tratan la problemática de la
construcción de la categoría de Sujeto dentro del psicoanálisis, ya que ésta fue propuesta como una perspectiva de análisis
y de unificación entre dos escuelas del psicoanálisis, que si bien están cerca
desde sus inicios, como puede observarse en las multicitadas referencias
lacanianas a la obra de Freud, cada una confiere a la estructuración del
aparato psíquico cualidades diversas. Este mismo factor puede ocurrir al tratar
de unificar a las demás escuelas psicoanalíticas. No obstante, la propuesta
de agrupar y relacionar los presupuestos
teóricos de las disciplinas afines queda bajo la categoría de Sujeto.
De
esta forma podría plantearse que esta disciplina va más allá de la concepción
de ciencia clásica, logrando dar cuenta de cómo los procesos ideológicos
impactan al aparato psíquico y se manifiestan en el orden social, este hecho
facilitaría futuras intervenciones de corte teórico bajo un enfoque innovador
que promueva nuevas lecturas rigurosas en aras de comprender, o por lo menos de
buscar una verdad en lo que respecta a
los procesos de subjetivación.
Por otra parte, el presente trabajo busca abrir
espacios de diálogo dentro de la disciplina psicológica (en la que la mayoría
de los analistas en formación han encontrado su inicio profesional) con la
intención de lograr una clarificación de los postulados que la han hecho crecer
en su trascendencia social. Disertaciones sobre su objeto de estudio, el método
de abordaje de este objeto, sus aplicaciones clínicas, son algunos de los
mecanismo teóricos que han quedado exentos de cualquier tipo de debate entre
los especialistas en el ramo, el desinterés por la propia disciplina subsume a
la psicología en un espacio de anacronismo. La separación de ésta disciplina
con la filosofía ha llevado a la primera a mantenerse fundamentada en una
praxis lejana del cumplimiento de sus propias tareas.
Como
conclusión, se busca erigir al psicoanálisis como una rama de la psicología que puede rescatar a ésta de un bache
reflexivo bajo la propuesta general de entablar una revisión de la historia de
las ideas en la psicología, así como de la práctica terapéutica de la misma, desde
donde se puedan aportar diversas voces que permitan destrabarla de un
estancamiento que difícilmente se logrará con el aumento de investigaciones
enfocadas a la fabricaciones de diversos métodos que alejen al Sujeto de la propia singularidad que lo
caracteriza en aras de una generalización estadística con ínfulas de
cuantificación difiriendo en demasía con las pretensiones que Freud, y
posteriormente Lacan, conferirían al psicoanálisis, en este punto debemos
retomar el concepto de Ética.
Pareciera
que la disciplina psicológica actualmente añorara la re-flexibilidad perdida al
distanciarse de la filosofía, convirtiéndose en una más de las “ciencias” de la
salud. El alejamiento trajo consigo una sumisión a los estándares sociales de
normalidad, donde la campana de Gauss se constituye como conformadora de verdades científicas, bajo un discurso
ideológico que evita toda ruptura epistémica tachada de psicopatológica. Es de
esta disciplina que todo analista que comience a encaminar sus pasos hacia la
clínica debe mantenerse aislado, pues muchas veces detrás de la facilidad de la
técnica se enmascaran discursos que degeneran al proceder psicoanalítico, ya
sea desde la ignorancia de la subjetividad o desde la angustia que se produce
en las primeras intervenciones clínicas del psicoanalista novel que, apelando a
su formación inicial, se disfraza con
el manto de la escucha.
Sin
embrago, a manera de instigación al discurso, terminaré con lo siguiente…
Debido a la
deuda, próxima o lejana, que pueda tener el psicoanálisis con la psicología, es
que éste romperá la escucha en momentos en que la intervención sea pertinente,
aunque al parecer la ciencia psicológica busque silenciarlo, ya sea por un
descarte apresurado o por la reacción de amenaza que toda interpretación
representa para una disciplina que se observa a sí misma en un espejo que
refleja la cara de un neurótico.
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