PSICOANÁLISIS Y MARXISMO

Conferencia 5

Armando Suárez


Hemos examinado en nuestra anterior conferencia la actitud absolutamente negativa del marxismo ortodoxo ejemplificada en la obra de Wells, veamos ahora otros intentos realizados por marxistas mas o menos abiertos.

Uno de los primeros intentos llevados a cabo con un auténtico espíritu de diálogo y comprensión por parte de un marxista se lo debemos al pensador francés George Politzer. Su libro, Crítica de los fundamentos de la psicología y del psicoanálisis data de 1928; Politzer afirma que Freud es tan sorprendentemente abstracto en sus teorías como concreto en sus descubrimientos, su propósito es establecer las bases de una psicología concreta, que no se reduzca a una fisiología de la conducta, que no aísle al individuo de sus semejantes ni de su historia, que no se disuelva en el solipsismo idealista de la vida interior ni huya hacia la abstracción de las entidades espirituales.

Para él, para Politzer, Freud ha dado el primer paso hacia la constitución de una tal psicología. La manera en como se plantea el problema del sueño en Freud dice, implica una definición del hecho psicológico que desplaza el interés de las entidades espirituales, llevándolo hacia la vida dramática del individuo. Y el método, tal cual lo concibe Freud, se aleja de la investigación de la realidad interior para no preocuparse sino del análisis del drama. Politzer rechaza pues, como es usual en todos los autores estudiados hasta ahora, la metapsicología freudiana. Para él, la teoría de los instintos, de las instancias etc. es pura mitología, solo acepta del psicoanálisis lo que es praxis, interpretación de significación.

Recientemente el psicoanalista argentino José Bleger, marxista también, partiendo de la crítica de Politzer ha sometido el edificio doctrinal del psicoanálisis a una crítica epistemológica mucho mas aguda y cerrada aún, su libro Psicoanálisis y dialéctica materialista es una de las contribuciones mas lúcidas al problema de la epistemología psicoanalítica.

Para Bleger, Freud es muy contradictorio; sin contradicción no hay desarrollo, no hay proceso de conocimiento. Con el estudio de la conducta como proceso, separa la psicología de la metafísica que limita al fenómeno psicológico y esto es lo fundamentalmente original y revolucionario de su obra, pero cuando desarrolla su concepción dinámica de la psicología vuelve a retomar contacto cada vez mas intenso con el idealismo metafísico. Con textos aislados de Freud es posible, por este carácter contradictorio de su obra, demostrar que Freud es materialista o idealista, que es un científico riguroso o un metafísico, etc., etc.; críticas que por cierto no han escaseado. La obra de Freud debe ser examinada como totalidad y cada parte de la misma en función de dicha totalidad.

Es importante en efecto separar conceptualmente el estudio del hecho psicológico como proceso, del edificio teórico que reduce este proceso a un interjuego de fuerzas al que se atribuyen a última instancia el origen y el destino de la conducta. Ahora bien, la conducta involucra una dinámica que teóricamente se expresa como resultado de la transposición de la dramática a vectores de fuerza o a resumidos términos de referencia descriptivos de relación. El mito tiene lugar cuando se adjudica vida autónoma a los vectores de fuerza y cuando las correlaciones entre estas fuerzas son comprendidas como causas básicas y únicas de la conducta, científicamente se puede decir que la abstracción dinámica conduce a la creación del mito cuando:

a) Se asila la dinámica en el contexto dramático.

b) Se le concede autonomía.

c) La dinámica se ubica al comienzo como causa generatriz de la dramática y de la conducta total.

Y esto es lo que aconteció, según Bleger, con la teoría de los instintos en el psicoanálisis, pero fue el mismo Freud quien señaló el camino de salida cuando reconoció en el instinto cuatro caracteres: fuente, fin, carga y objeto. Mostrando la independencia del objeto con respecto al impulso, inició el conocimiento de las relaciones objetales, con ello dio a nuestro entender el camino para la sistematización teórica de la dramática y dinámica de la conducta que no desemboque en la utilización del impulso.

La teoría de las relaciones objetales traslada el énfasis de la teoría psicoanalítica al estudio y comprensión de la dramática en la conducta, pero de por si y como tal, no involucra ipso facto un cambio en la teoría de la dinámica, aunque lo estimula en buena medida.

La teoría dinámica debe cambiar no solo de enfoque sino de contenido, una dialéctica de la necesidad involucra la dramática y la teoría de los instintos y debe derivarse del conocimiento de la dialéctica de la necesidad.

La teoría de la dinámica verá ocupado el lugar de la fuerza por el impulso-necesidad integrado en el movimiento de las relaciones objetales, de esta manera la necesidad subjetiva percibida o actuada como impulso en el que se basa la dinámica constituye uno de los elementos de un contexto total que llamamos situación de necesidad.

El programa que aquí propone Bleger es muy sugestivo pero está aun por realizarse. En nuestra conferencia anterior vimos ya la necesidad de liberar la teoría instintiva de Freud de su mecanisismo primitivo y de refundirla con la teoría etológica del instinto. Quedará aun por resolver el problema de las relaciones entre la etología y la dramática, en todo caso ya Freud estableció la conexión entre instinto y necesidad al escribir: "...al estímulo instintivo lo denominaremos mejor necesidad (Bedürfnis) y lo que suprime esta necesidad es la satisfacción (Befriedigung)". Es cierto que, como observa Bleger, con las teorías dinámicas ocurre un cierto abandono de la dramática, una transposición, un reemplazo del hecho o acontecer humano por fuerzas manejadas como entidades o cosas en lugar de los hechos humanos.

Pero ya no estamos tan de acuerdo con Bleger cuando afirma que especialmente con la teoría de los instintos la concepción dinámica se sale del campo de la psicología para abarcar el de la psicobiología y con ello se ahonda el divorcio entre teoría y práctica, entre la dramática y la dinámica y entre individuo y medio social. Creemos mas bien que este riesgo debe ser afrontado, no vemos la razón de despojar la praxis psicoanalítica de toda base biológica, Francoise Beson??? en su trabajo Utilization de un modele teorique en psicologuie??? ha propuesto una sugestiva interpretación epistemológica, según él, pueden construirse varios modelos teóricos de explicación psicológica:

a) Modelos implícitos, que se refieren al sistema privilegiado que constituye el cuerpo humano y su actividad.

b) Modelos explícitos, formalizados, que pueden ser de tres clases:

1.- Reductivos: es decir, que recurren a modelos establecidos por otras ciencias, como la física o la fisiología.

2.- Homogéneos: construidos desde dentro de la psicología misma.

3.- Formales: que buscan en una teoría matemática una técnica de análisis y una síntesis.

Según este esquema la teoría freudiana clásica aparece como un esfuerzo por constituir un modelo homogéneo en su propio campo psicológico, pero la identificación de evidencia, deseo subjetivo y tendencia, comportamiento objetivo de origen orgánico, implica una tentativa de reducción a un modelo fisiológico, es decir, un modelo reductivo y aquí es donde hay que buscar la fuente principal de los malentendidos.

Suprimiendo toda referencia fisiológica, el modelo freudiano sería un modelo realmente homogéneo, pero homogéneo a la experiencia vivida solo, a la dramática de Politzer y Bleger, de hecho obtendríamos así un modelo de tipo implícito, pero si así puede decirse explicitado, porque hay una utilización implícita de este modelo que es nuestra propia conducta y es nuestra experiencia no formalizada el fundamento de nuestra intuición, pero la situación analítica es bastante constante y las variables suficientemente controlables para poder explicitarlas y sistematizarlas. Pero esta sistematización no excluye a nuestro modo de ver la explicación de acuerdo con otro modelo explicativo, un modelo reductivo, para establecer un modelo psicológico reductivo neurofisiológico, sin embargo, habría que tomar un punto de partida distinto del de Freud que solo disponía de una neurofisiología estática, inadecuada para su psicología dinámica, la etología podría aquí prestarnos un valioso aporte. El problema por lo demás está muy lejos de ser específico del psicoanálisis, en realidad es el problema general de las relaciones entre las ciencias y muy particularmente entre las ciencias biológicas y las ciencias biográficas.

Freud, dijo una vez que el psicoanálisis no era una weltanschauung, una concepción del mundo particular, porque si alguna podría tener, esa sería la weltanschauung de la ciencia y esta está todavía en pañales para constituirse como tal. En esta profesión de fe cientificista hay mucho de espacio positivista de fino nombre, pero hay también mucha verdad, el psicoanálisis como praxis no puede buscar su legitimación fuera de ella misma, de sus resultados y de su enriquecimiento en significación, pero el psicoanálisis como ciencia, como psicología científica, no puede abstraer enteramente de su referencia a las otras ciencias antropológicas y biológicas. El hombre es un ser vivo, un animal social y son también válidas para él las leyes de la biología, de la astronomía y de la sociología, cada vez que existe siempre el peligro de la extrapolación, pero pretender preservar al psicoanálisis de toda contaminación por parte de la biología o la neurofisiología sería un purismo estéril.

Los reflexólogos marxistas, rechazan la dramática de Freud porque no es suficientemente biológica, no le perdonan el haber abandonado el terreno de la neurofisiología, para ellos no hay un medio que enlace la reflexología con la sociología. Los revisionistas en cambio le encuentran demasiado biológico y ese biologismo es un estorbo para explicar tanto las relaciones de los individuos con su medio como las transformaciones de este mismo medio.

En resumidas cuentas ni la teoría de los instintos ni la reflexología son artículos de fe respectivamente en el psicoanálisis y el marxismo.

En el marxismo el concepto de alienación es absolutamente central, la cuestión está, a nuestro modo de ver, en saber si esta alienación es únicamente un estado objetivo o también una condición subjetiva. El drama del sujeto alienado, la índole misma de su instrumentación científica, excluye de la reflexología toda interpretación dramática. A Freud se le ha reprochado no tener suficientemente en cuenta los factores sociales e ignorar con ellos la alienación afectiva, pero żes esto verdad?, la teoría de Freud sobre la dialéctica de la cultura en los instintos podrá proporcionarnos quizá una respuesta.

Conferencia 6