Memoria y Temporalidad:
Encuentros y desencuentros entre la Psicología y la Epistemología Genéticas y el Psicoanálisis

Dr. José Perrés H.

Continuación


VII) Algunas conclusiones

Queremos regresar, en estas breves conclusiones, al centro de la temática del evento que nos convoca. Me refiero a los espejismos reduccionistas que, como mencioné al principio, suelen ser muy frecuentes si no percibimos los límites profundos de todo saber (uni)disciplinario, frente a la complejidad y opacidad del entramado de la realidad humana que pretendemos investigar. El ser humano es simultáneamente, y desde su mismo nacimiento, un sujeto biológico, psíquico y social, y la articulación entre esos complejos niveles o dimensiones de análisis está lejos de ser lineal y sencilla, cayéndose fácilmente en lecturas reduccionistas de los otros registros que interactúan, provocando múltiples efectos. (44)

Por ello, la imprescindible necesidad del trabajo interdisciplinario, en sus distintas modalidades, desde la simple acumulación de puntos de vista disciplinarios, la multi o pluri disciplinariedad, hasta las formas más complejas, y aún poco alcanzadas, de transdisciplinariedad. En otros términos, la importancia sin igual de las miradas multirreferenciales y de intentar encontrar en el trabajo conjunto complementariedades con otras disciplinas (la complementariedad multirreferencial que he propuesto).

Para nuestra temática actual tendríamos que reflexionar acerca de las grandes convergencias temáticas que hemos podido mencionar en nuestras aproximaciones al tema de la memoria y la temporalidad. En el presente artículo: de la psicología y epistemología genéticas con el psicoanálisis, con la gramática y la lingüística, e incluso con hallazgos recientes de la biología del cerebro. En nuestro artículo anterior: también con corrientes o ramas de la sociología, la filosofía, la historia, las teorías cognoscitivas estadounidenses y rusas, etcétera.

¿Esas convergencias servirán tan sólo para alegrarnos al reafirmarnos, parcialmente, en la justeza de nuestras investigaciones disciplinarias en torno a la memoria, entendida como objeto empírico? ¿No será posible ir más lejos que esto a partir de preguntas que cada disciplina puede formularle, desde su propio marco conceptual y la especificidad de sus investigaciones, a las demás disciplinas?

No desconocemos, y mucho hemos insistido al respecto, que esos marcos conceptuales suponen un objeto de estudio teórico "memoria" diferente. No se estudia la misma "memoria" en cada una de las disciplinas citadas. Pero no sería imposible que las "cartas abiertas", de disciplina a disciplina, cual urgentes llamados, permitieran abrir importantes vías de investigación que la labor interdisciplinaria podría abordar de manera ejemplar. Desde luego, si se consigue crear equipos respetuosos del saber disciplinario fronterizo, que acepte los límites de todo saber y no pretenda realizar los típicos y cotidianos "colonialismos imperialistas" en que todos incurrimos, de intentar dominar por la burla y el desprecio los campos vecinos con las verdades propias, convertidas en mortífera "Verdad", con mayúscula, a modo de una inmutable categoría filosófica.

Veamos solamente algunos ejemplos, en forma rápida y esquemática, a efectos de abrir zonas de problematización.

Desde el psicoanálisis resulta una obviedad total lo que mencionaré, y cualquier persona desprejuiciada lo puede comprobar en sí misma, en forma cotidiana: muchos "olvidos" tienen una clara causa afectiva. Olvidamos algo o perdemos un objeto, por una razón afectiva inconsciente que concierne a una persona, por ejemplo, o más bien a lo que esa persona nos produce, la forma en que nos afecta. Es común así "perder" un objeto cualquiera y luego de no encontrarlo en ninguna parte, pese a una búsqueda sistemática, resignarse a haberlo perdido para siempre. Hasta que un buen día, por motivos aparentemente misteriosos, vamos con gran precisión a un lugar (que ya habíamos revisado) y encontramos el objeto perdido. Como si siempre hubiéramos "sabido" donde estaba pero una represión, que bloquea nuestro "saber consciente" nos impidió conectarnos con ese saber inconsciente. Esos motivos lejos de ser misteriosos pueden ser fácilmente investigados y explicados, y siempre remiten a heridas en nuestro narcisismo (al confrontarse nuestro Yo con el Ideal del Yo, lo que la realidad nos demuestra que somos versus lo que desearíamos ser o creemos ilusoriamente ser). El objeto puede evocarnos esa herida, o estar conectado asociativamente con una persona determinada en quien no queremos pensar en ese momento por provocarnos ese cuestionamiento interno. Freud lo ha investigado y demostrado con gran claridad en su Psicopatología de la vida cotidiana, de 1901. Su discípulo V. Tausk, en un breve pero jugoso artículo de 1913, (45)profundizó dicho análisis en términos de narcisismo y de la desaparición de la represión cuando emerge una "recompensa" al yo herido que funciona como compensación de la herida recibida o de la devaluación vivida.

A partir de estos descubrimientos y teorizaciones totalmente banales para el psicoanálisis, ¿no podríamos hacer algunas preguntas a los campos vecinos? ¿Qué significaría para los impulsos electroquímicos del cerebro y las sinapsis neuronales, la presencia de esta represión? Como es posible que, pudiendo "evocarse" un recuerdo, al no estar dañada la vía y el recorrido de ese impulso nervioso, algo lo detenga, algo impida transitoriamente la facilitación de esa vía. ¿Cómo entender neurológicamente, o químicamente a partir de la acción o inhibición de ciertos neurotransmisores, la presencia de este fenómeno psíquico: la represión (por motivos afectivos), que tiene claras repercusiones anátomo-fisiológicas, al punto de impedir la evocación de ese recuerdo, de impedir momentáneamente la conexión de zonas corticales, de "archivos", que, en otro momento, puede ser lograda? ¿Las enzimas responsables, en el nivel bioquímico, de cambiar la estructura de los receptores y facilitar el paso de las corrientes eléctricas a través de las sinapsis, responden a fenómenos "afectivos" del ser humano, a sus conflictos inconscientes, bloqueándose por ellos su acción? Desde luego no sería nada extraño, pero tenemos que poder entender y explicar el cómo.. Por otra parte, ¿qué significa que los recuerdos queden "archivados" transitoriamente en el hipocampo, hasta ser procesados y enviados como paquete informativo a las zonas definitivas de archivo, la corteza cerebral, fragmentados en base con criterios organizativos muy específicos? ¿Qué determina que eso suceda de esa manera, en un momento determinado, que haya demoras para algunos recuerdos, y olvidos para otros, que haya tiempos diferentes para ese mecanismo de transferencia a un almacenamiento más permanente, enviándose las señales electroquímicas a la corteza cerebral? Se dice que la enfermedad de Alzheimer supone un autoataque del propio sistema inmunológico del cuerpo, bajando el nivel de acetilcolina (ACH) y aumentando el de la proteína llamada betamiloide, provocándose así en forma masiva la muerte de sistemas neuronales. Para entender este y otros fenómenos semejantes, que también pueden ocurrir en un sujeto joven y no sólo en un anciano, ¿podrá prescindirse de entender al sujeto como un todo, influyendo en él toda la dimensión afectiva de su sentido vital en el mundo, de su estructura como sujeto deseante, como sujeto del inconsciente? ¿No le será útil a un biólogo del cerebro, en este sucinto ejemplo, aun sin llegar a las profundidades de las teorías psicoanalíticas, saber algo en torno a los mecanismos de la memoria y aquéllos que provocan la represión de ciertos recuerdos, tal como son conceptualizados por el psicoanálisis? Incluso saber cómo se teoriza en el ser humano la compleja interacción de pulsión de vida- pulsión de muerte, para dar cuenta de porqué algunos sujetos se aferran a la vida, pese a padecer de enfermedades orgánicas mortales, mientras que otros mueren demasiado fácilmente, como "deseando" morir, sin que las causas objetivas lo expliquen cabalmente.

A la inversa, ¿puede un psicoanalista ignorar que el hipocampo, o las vías que a él conducen, pueden ser dañados por traumatismos o accidentes, y que con ello un sujeto perdería la memoria a corto plazo, quedando totalmente desorientado en tiempo y espacio, sin que esto se apuntale en la presencia de represiones o de conflictos inconscientes en el sentido psicoanalítico? ¿Puede ignorar el curso del envejecimiento que supone perder primeramente la memoria a corto plazo, depositada provisoriamente en el sistema límbico, para luego ir perdiendo también neuronas de grandes zonas de la corteza, y con ello la memoria a largo plazo? En el caso de ignorar esas verdades banales de otras disciplinas correrá el peligro, muy habitual, de tomar como represiones defensivas, ante conflictos inconscientes, lo que no son sino manifestaciones de una involución biológica motivada por el proceso de envejecimiento o de diversas enfermedades orgánicas del cerebro. Hemos tenido ocasión de trabajar todos estos reduccionismos del mundo psicoanalítico en relación con la evolución intelectual, tal como es entendida por la psicología genética, en artículos anteriores. Es bastante habitual que un psicoanalista, no formado en el estudio de la psicología genética, interprete como represiones en el niño, desde una óptica del adulto, niveles o elementos que todavía no están genéticamente constituidos (temporalidad, conservación, etcétera) mostrando simplemente toda su ignorancia. En relación con la memoria, tal como pudimos observarlo en las tres grandes categorías evolutivas de memoria, y los diez subniveles que propone Piaget, pasaría lo mismo. Sería un grave disparate interpretarle a un niño muy pequeño, claramente ubicado en una memoria de recognición, antes de emerger la función simbólica, en términos de un olvido por represión, concerniente a la memoria de evocación, y por tanto a otra etapa evolutiva de sus estructuras cognoscitivas, aún no alcanzadas. Y sin embargo, en el mundo psicoanalítico esas cosas suceden cotidianamente, y pueden leerse en la bibliografía especializada de reputados psicoanalistas, revelando tan sólo un profundo desconocimiento de los logros y avances de las disciplinas vecinas.

Pero, en su contraparte, ese saber neurológico a que antes aludíamos no explica, no podría hacerlo, un fenómeno psíquico afectivo esencial, que sólo la comprensión de la estructuración del sujeto psíquico, de su mundo vincular, puede explicar en términos de intersubjetividad. ¿Por qué el anciano, o el enfermo cerebral (por ejemplo, de Alzheimer) se refugia en los recuerdos de, o sobre, la infancia, en sus primeros recuerdos?. (46) La explicación no es seguramente neurológica, ni neurofisiológica, ni neuroquímica, pese a haber fuertes repercusiones o manifestaciones en esos campos, en formas de expresión de ese complejo problema de la relación mente-cuerpo (frente al que varios milenios de reflexiones filosóficas, y siglos de investigación científica, no han sabido dar explicaciones definitivas). La respuesta seguramente tiene que ver con una profunda regresión psíquica narcisística (afectiva) a los únicos momentos o reductos en los que el sujeto encontraba seguridad psíquica, como niño protegido, amparado, no teniendo que responder a las exigencias de la vida, a las responsabilidades adultas a las que ya no puede enfrentarse como anciano o como enfermo, por su incapacidad o invalidez. Y sobre todo esto el psicoanálisis como disciplina tiene mucho que aportar a los campos vecinos del saber. Al igual que, desde una óptica muy diferente, la psicología genética, dando razón a por qué se desestructuran los niveles más tardíos regresándose a una etapa más nuclear, genéticamente hablando, de más sólida estructuración y homeostasis.

Decían Piaget e Inhelder que nada permitía distinguir una evocación reconstituida de una rememoración propiamente dicha, ni una falsa rememoración de una evocación correcta, ni un falso recuerdo de uno verdadero. (47) No son entonces sus valiosos e imprescindibles aportes sobre la memoria los que darán respuesta a esta pregunta o a esta distinción. Pero la teoría psicoanalítica tiene desde donde responder a ello a partir de sus conceptualizaciones sobre el deseo, sobre el inconsciente, sobre el conflicto, sobre las ilusiones y las creencias con las que alimentamos nuestro narcisismo para poder valorarnos antes nuestros propios ojos, etcétera.

Hemos tenido ocasión de discutir detenidamente en otro lado(48) un problema que no retomaremos ahora sino como rápida mención recordatoria. Desde nuestro punto de vista, y mientras Piaget y la Escuela de Ginebra trabajaron sobre sujetos epistémicos, durante largas décadas, pudieron prescindir casi totalmente del psicoanálisis. Pensamos que la tendencia actual de sus discípulos de pasar de la psicología genética a la psicología del desarrollo, y de un sujeto epistémico a un sujeto psíquico individual y concreto, tornará paulatinamente ineludible las confrontaciones con las conceptualizaciones del psicoanálisis, que nos hablan de lo que le sucede a ese sujeto, entendido holísticamente como sujeto deseante y como sujeto escindido, donde vida afectiva y vida intelectual se combinan, emergiendo obstáculos concretos vinculados a la acción de los conflictos inconscientes inherentes a todo ser humano particular.

No son sino pocos ejemplos, totalmente obvio y elementales, pero creo que nos obligan a pensar que un trabajo de equipos interdisciplinarios, que busquen trascender la simple acumulación de puntos de vista, puede ser trascendente. Se trata de abrir espacios donde cada disciplina pueda cuestionar a otra vecina, fronteriza, desde su lugar y su forma de leer la compleja realidad. Si en vez de defendernos salvajemente ante las preguntas muy cuestionadoras de otras disciplinas, desvalorizando a quienes las formulan, las utilizáramos para investigaciones más precisas, para correcciones mutuas, para rectificaciones y ratificaciones, nuestras disciplinas podrían realmente avanzar en un esfuerzo mancomunado.

No desconozco las dificultades inherentes a estas ilusiones. En un artículo anterior de carácter epistemológico he intentado mostrar, partiendo de las reflexiones de J. Hamburger, los grandes problemas que se abren para ello. A partir de un ejemplo concreto, este gran epistemólogo de la biología concluía mostrando los graves efectos de lo que denominaba cesura (discontinuidad radical e irresoluble entre resultados). Esa discontinuidad entre resultados existía en el análisis del rechazo corporal a un injerto al ser estudiado en escalas diferentes. La conclusión general es que los factores de rechazo son tan numerosos y tan variados que quizá nunca se obtenga una coincidencia adecuada entre los resultados obtenidos, en el nivel biológico, con una escala microscópica y otra macroscópica. Decía Hamburger: "Es que no nos acercamos al objeto por caminos del todo convergentes. Los haces de luz de métodos que trabajan en escala diferentes no se encuentran forzosamente en una descripción del todo homogénea y completa del objeto".(49)

Si un mismo problema biológico, tan claro y tan bien delimitado, pero estudiado con distintas escalas, aportaba esa discontinuidad, me preguntaba yo mismo en ese artículo: "¿Qué pasará con los 'haces de luz' de intentos multirreferenciales y complementaristas entre diversos órdenes de la realidad, discursos totalmente heterogéneos, escalas diferentes, objetos irreconciliables, métodos diversos, etcétera?", para arribar a la conclusión de que: "Podemos suponer por lo tanto, sin temor a equivocarnos, que el camino será aún largo, muy largo..." (50)

Pero los seres humanos, y también los investigadores, no podemos vivir sin utopías, que no son sino una forma de creencia y de ilusión. Las mías son éstas: la de pensar que en las próximas décadas ese respetuoso trabajo interdisciplinario se convertirá en moneda corriente de todas las investigaciones que se realicen. Y de que, mayor utopía aún, todavía podré alcanzar a ver los inicios de esa labor y disfrutarlos.

Es tiempo de terminar este trabajo, que ya se ha alargado en demasía para desventura de los que deban escucharlo y/o leerlo. No podemos dejar, para ello, de volver a la dimensión del Tiempo. Lo haremos, como se podrá apreciar, desde muchos lugares simultáneos. Nuestro primer epígrafe fue del gran escritor de nuestra lengua Jorge Luis Borges. A él retornaremos para cerrar, utilizando su poema "Final de año", que antecede a dicho epígrafe en más de medio siglo. Nos vemos pues arrastrados, en un cierto sentido, por el pasado; en realidad, ha sido el poeta quien se dejó arrastrar por su propio pasado. Pero un pasado que fue modificado por el presente en la medida que Borges corrigió este poema, publicado inicialmente en 1923, para la edición de su compendio de su Obra Poética, agregándole el verso final que citaremos, que antes no figuraba y que tanta importancia tiene, psicoanalíticamente hablando, al dar cuenta de la estructura deseante de todo ser humano.

Estamos pues nuevamente frente a una manifestación del nachträglichkeit, resignificando al viejo Borges, el pasado desde un presente, pero también mostrando la continuidad que siempre une a esas dimensiones temporales, lo que también le permite reconocerse a través del joven Borges de entonces y prolongarlo. Como no podía ser de otra manera este poema también tiene que ver, en su mismo contenido, con el Tiempo. Estos son entonces sus versos finales:

La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil,
algo que no encontró lo que buscaba. (51)

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Notas

44 Cf., mi reciente ensayo sobre este tema titulado: "La categoría de subjetividad, sus aporías y encrucijadas: apuntes para una reflexión teórico-epistemológica" (1998).regresar

45 V. Tausk: "Desvalorización del motivo de la represión por recompensa" (1913).regresar

46 Todos los psiquiatras conocen muy bien, en el plano fenomenológico, los trastornos de la memoria en la demencia senil. Por ej., leemos en el Tratado de Psiquiatría de H. Ey y colaboradores: "La regresión mnésica de la evocación se hace de lo más reciente a lo más antiguo, de lo más frágil a lo más sólido. Son los recuerdos infantiles, o los que poseen una fuerte carga emotiva, los que resisten más este olvido" (p. 892).regresar

47 J. Piaget y B. Inhelder, Memoria e inteligencia, p.359.regresar

48 Cf., J. Perrés: "Freud y Piaget: notas sobre la escuela de Ginebra....", op. cit. regresar

49 J. Hamburger: Los límites del conocimiento, p. 54.regresar

50 J. Perrés: "Complementariedad multirreferencial y formas...", op. cit., p. 295.regresar

51 J. L .Borges, de "Fervor de Buenos Aires" (1923), en Obra poética 1923-1977, Alianza / Emecé, Madrid, 2a. edición ampliada, 1981, p. 43. [Compárese esta versión del poema con la que se publicó en sus Obras Completas 1923-1972 (Tomo I), Emecé, Buenos Aires, 15a. impresión, 1985, p. 30. No es improbable, tampoco, que la primer versión del poema, en su publicación original, también haya sido distinta...]regresar


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