Dra. Marie Langer.
Cuando la tensión paranoide aumenta en grupo, éste teme su desintegración. Puede recurrir entonces al terapeuta como núcleo integrador, poniendo lo bueno que siente amenazado, su confianza y esperanza en él. Pero ocurre también que proyecte en el todo lo malo, y lo sienta, entonces, como amenaza para su integridad. En estos momentos los integrantes del grupo suelen buscar temas que sirvan para unirlos, pero de los cuales el terapeuta esté excluido.
En un grupo terapéutico, por ejemplo, en determinado momento difícil, gran parte de los miembros recurrió al uso de la mezcalina. Tenían desde entonces una experiencia en común, desconocida para su terapeuta. Esta experiencia mezcalínica fue idealizada y convertida en líder. Transmitió, además, en cierto sentido al grupo de características de preformado, ya que el compartir algo fuera de la situación psicoterapéutica constituye una particularidad específica de este tipo de grupos.
En grupos homogéneos solemos ver que utilizan su homogeneidad para defenderse del terapeuta peligroso, centrándose alrededor de algo que tienen en común y de lo cual él está excluido. Por ejemplo, en un grupo de hipertensos que presentaron en Dr. Usandivaras y la Sra. Tronquoy?? ( ) el régimen alimenticio fue erigido en líder. Los integrantes del grupo se pasaron sesiones enteras discutiendo distintos regímenes, sus ventajas y desventajas, eludiendo así, en lo posible cualquier tema más personal. Hablaron, además, de la muerte súbita, o sea del gran enemigo que, como hipertensos, tenían en común y que podían mantener en jaque gracias al sometimiento al régimen. El régimen parecía, entonces, no servirles únicamente para mantener alejado al enemigo fuera del grupo -a la muerte-, sino también para frenar la actividad interpretativa del terapeuta dentro del grupo. Como suele ocurrir, habían reaccionado con temores paranoides frente a la situación nueva del grupo y frente a un médico que curaba con palabras, es decir, con "medios mágicos". Así en la medida en que proyectaron en el terapeuta, éste se convirtió para ellos en enemigo común, en un doble de la muerte. El régimen servía, pues, para combatir a ambos.
De nuevo nos encontramos, de la misma manera que en el grupo de la experiencia mezcalínica, con un líder que sirve de contrapeso al terapeuta temido. Como él estaba excluido de sus experiencias de hipertensos, erigir en líder al régimen significaba excluirlo de la comunidad y anular su poder.
Este mecanismo que puede ser observado en grupos de toda clase se presentas con suma claridad en los grupos preformados. Antes de aportar material clínico al respecto, quiero referir rápidamente las características, ventajas y desventajas del grupo preformado en general. Entendemos bajo este término a un grupo con una estructura y una vinculación previas al contacto con el terapeuta. Puede tratarse de personas que forman un equipo o que comparten un mismo trabajo o intereses comunes, estudiantes de psicología por ejemplo. O los lazos que unen a lo miembros que pueden ser, simplemente, de amistad. Suelen concurrir al terapeuta con fines de aprendizaje, de mejorar su rendimiento común o individual o para hacer una experiencia psicológica interesante. Pero aunque vienen para realizar una experiencia, junto con este fin consciente, coexiste siempre otro, a menudo no admitido conscientemente: el fin terapéutico.
Los grupos preformados presentan dificultades técnicas específicas, cuya intensidad varía según la rigidez o elasticidad de su estructura y de sus miembros individuales. Como estos quieren preservar su posición y jerarquía en el grupo, fuera de la situación terapéutica, dentro de ella les cuesta mostrar sus debilidades. Temen la indiscreción en mayor grado que los integrantes de grupos comunes. Se sienten obligados a esconder tanto su intimidad como sus sentimientos hostiles o eróticos hacia los demás compañeros de grupo. Coexisten en ellos dos temores: el de perder el propio prestigio en el grupo, si son demasiado sinceros, y el de destruir al grupo como tal, si exteriorizan con claridad sus sentimientos.
No quiero decir con esto que el grupo preformado carezca de valor. Ofrecerá siempre un aprendizaje valioso, un aumento del rendimiento colectivo, si se trata de un equipo, como el efecto terapéutico del análisis del grupo no depende forzosamente de la exposición de la intimidad de cada componente, se obtiene igualmente un rendimiento satisfactorio en este terreno. Además, a lo largo, las restricciones auto impuestas por los mismos miembros suelen aflojarse, dejando lugar a una mayor posibilidad de expresar agresiones y a una mejor capacidad y tolerancia de aceptarlas. En resumen, los miembros aprenden a admitir la rivalidad y los celos - propios y ajenos-, cuya represión era la causa de la rigidez estructural del grupo?(**).
Pero no quiero ocuparme de este aspecto más general de los grupos preformados, sino mostrar solamente un mecanismo de defensa con el cual intentan proteger su estructura previa al tratamiento. Expondré, con este fin, material clínico de dos grupos preformados.
El primero era un grupo de médicos, pertenecientes todos al mismo servicio. Vinieron con su estructura jerárquica establecida de jefes, subjefes y médicos comunes, e intentaron, muy cuidadosamente, mantenerla también en el grupo de experiencia y convencerme a mí, la extraña, de su utilidad. Con este fin se centraron, en las primeras sesiones especialmente, alrededor de un tema determinado. Hablaron de su gran jefe de hospital, recalcando su papel de líder, negando, de esa forma, mi liderazgo. Que esto sirvió para mantener la estructura previa del grupo y su integración, se vio desde un primer momento. Pero se puso muy de manifiesto cuando, meses después, entró una persona desconocida al grupo. En un primer momento fue bien aceptada. Pero cuando puso en duda su jerarquía preestablecida y el rango que querían asignarle entre los médicos no jefes, el grupo la rechazó. Entonces ella buscó formar pareja con el terapeuta. El grupo, al sentirse amenazado en su estructura, recurrió a una modificación de su mecanismo de defensa de las primeras sesiones. Como la recién llegada era también médica de un servicio hospitalario, la indujeron a hablar de su "gran jefe" de afuera. Compararon después a los dos jefes, destacando sus parecidos. Así lograron integrarla al grupo, despojarla de su peligrosidad de elemento extraño, aislando con eso de nuevo al terapeuta.
Pero sólo el material de otro grupo, más regresivo en sus manifestaciones, me enseñó que el contraste del grupo alrededor de un líder de afuera para aislar al terapeuta, significa también, en la fantasía del grupo, aislar a este de su pareja. En la fantasía inconsciente del grupo el terapeuta es tan poderoso y despierta tanta angustia, por su unión con otra persona idealizada u otra idea. El grupo adquiere su poder, a medida que logra separarlo de este objeto mágico uniéndose con él. Bion dice en su último trabajo que las ansiedades profundas del grupo provienen de una fantasía muy primitiva de escena primaria, vivida en el plano de objetos parciales. Pude comprobar que esta es la fantasía subyacente del mecanismo de defensa que denominaremos mecanismo del líder de afuera.
Para ilustrar este proceso expondrá partes del material clínico de las primeras sesiones de un grupo preformado. Eran todos estudiantes unidos por lazos de amistad. Mientras que todos ellos se conocían bien y solían verse casi a diario, yo los conocí a todos "en bloque", en la primera sesión.
En esta oportunidad expresan primeramente su extrañeza, al encontrarme sola, sin observadores. El cambio de esta extrañeza en desconfianza y temor es puesto de manifiesto por un integrante, al relatar éste un sueño. Soñó estar acostado con su mujer en un caserón viejo, donde se ve sorprendido y perseguido por una alemana y policías. Obviamente la alemana me representa a mí y los policías a los observadores esperados. Surge también la creencia en mis facultades mágicas, que yo demostré, para la fantasía del grupo, al enfrentarme yo sola con todos ellos unidos. Pues, al comprobar que crecían plantas verdes en mi consultorio, manifestaron su admiración de que yo pudiera criar plantas con luz artificial. Se siente gran tensión en el ambiente, hasta que el grupo logra crear al primer "líder de afuera" para combatir mis poderes mágicos (la luz natural escondida dentro de mi) y persecutorios (la alemana con los policías). Empiezan entonces a hablar del Dr. X., otro psicoanalista que tiene otro grupo de estudiantes, todos amigos de ellos, pero más adelantados. Su intención de ponerme celosa y de excluirme se puso en evidencia al elogiar ellos mucho al otro grupo y a su terapeuta.
En las sesiones siguientes el clima de tensión iba en aumento, por haber fracasado el mecanismo de defensa del "líder de afuera", cuando se dieron cuenta de que el Dr. X. y yo nos conocíamos y que ellos mismos estaban en tren de reforzar nuestra conexión. Trajeron un sueño al respecto. En éste se veían dos piezas, unidas por un pasillo. En medio del pasillo había un patín que se levantaba impulsado por hormigas que caminaban de una pieza a la otra. Las dos piezas representaban a los dos consultorios -el del Dr. X. y el mío- y ellos a las hormigas que iban de uno a otro. Pero creo que en un plano más profundo las dos piezas representaron a nuestros cuerpos y el patín al pene del Dr. X. que ellos levantaron para ponerlo en contacto conmigo. Se trata, pues, de una representación muy primitiva del coito de los padres. Trajeron otro sueño en la misma sesión. Era una pesadilla con elementos de cuento marciano. Ilustraba de nuevo mi peligrosidad, al adjudicarme características de ambos sexos y una fertilidad monstruosa, invasora, que los devastaba. En esta época el grupo estaba en desintegración. Constantemente se establecieron parejas que no duraron, ya que pronto se peleaban. Expresaron también el temor de perder su pareja -marido, novio- real de afuera. Estaban obsesionados por la búsqueda de mi compañero. Hacían fantasías sobre mi marido, se fijaron en los ruidos de mi casa, comentaban la actitud y aspecto de mi portero, etc. Me acusaban de su disgregación.
Hasta que se tranquilizaron de nuevo al descubrir otro "líder de afuera". Se trataba de Oscar. Ya antes hablan hablado de él. Pertenecía al grupo, pero hasta ahora -estábamos en la sexta sesión- nunca había venido. Discutían, sí, y cuándo vendría. "Sólo entonces empezará el grupo de veras", decía una integrante. Lo ensalzaban y lo criticaban. Se unieron de nuevo, centrando todo su interés en él. Cuando yo interpreté a Oscar como representante del padre ausente -tema que había surgido tantas veces- y como recipiente de todos los secretos de ellos, una integrante me preguntó en forma intempestiva: "¿Por qué tiene siempre la cartera abierta y al lado de su sillón? Nos hemos preguntado muchas veces si no tendrá escondido en ella un micrófono". Es significativo que en el momento en el cual yo me refiero al padre que el grupo mantiene secreto y separado de mí, ellos me comunican su fantasía de un aparato escondido en mi cartera con fines de controlarlos. (En términos simbólicos, el aparato dentro de la cartera representa al pene dentro de mí, pene que me da poder y control sobre ellos).
Aunque Oscar fue erigido en "líder de afuera" para controlarme y contrarrestar a mi pareja secreta, pronto surgió el temor de que yo me podría unir a él. Ya no saben si quieren que él venga. Comentan que él es tan inteligente y erudito en psicoanálisis, que sería muy factible que yo y él nos entendamos bien. Después surgen aspectos depresivos y de reparación. "Hay que dejarlo venir a Oscar, para que pueda curarse", dicen, y "nos aprovechamos de él, para analizarnos nosotros".Efectivamente, en la sesión siguiente aparece Oscar. Pero, como perdió su característica de "líder de afuera", no se preocupan más por él. El está en silencio. Dice entonces una integrante: "Yo tenia miedo a su entrada al grupo, porque él ya se habla analizado. Pero ahora que lo veo tan angustiado, como nosotros, me despreocupo de él". Oscar presente se convierte, pues, de algo ideal, del líder escondido (término usado por Bion, I.c.), en un simple compañero. Pero en seguida surge otro líder de afuera, cuando un muchacho empieza a hablar de Edwin en los mismos términos con los cuales se habla expresado antes de Oscar.
Termino aquí mi exposición. Creo que el tema merece ser estudiado y desarrollado en un futuro, porque puede ayudarnos en la comprensi6n de los mecanismos más regresivos y profundos, actuantes en el grupo. Resumen y conclusiones:
1)La idealización de una persona o una idea de afuera que es erigida en líder y alrededor de la cual el grupo se centra, corresponde a un mecanismo de defensa contra ansiedades esquizo-paranoides de desintegración y persecución.
2) Este mecanismo se pone de manifiesto con más claridad en grupos preformados que, por disponer de una estructura previa y extragrupo, sienten con intensidad y desde un primer momento temores de desintegración. Además, al disponer de un campo de intereses comunes, éste se les ofrece como refugio natural contra cualquier peligro.
3) El estudio más detallado de este mecanismo permite comprender un factor importante de las ansiedades profundas del grupo: la fantasía de que el terapeuta madre contenga, en un coito constante, partes del padre, que la convierten en sumamente peligrosa y le dan una fertilidad devastadora. Este concepto es indicio de la profunda, regresión que sufre el grupo, porque corresponde a fantasías muy tempranas del niño frente a la madre y a la envidia de su fuerza creadora. Por otra parte, el terapeuta se vuelve tan perseguidor, por la envidia que se siente de él y por los celos que llevan al grupo a querer separarlo de su pareja fantaseada, para apropiarse de ella, adquiriendo así su poder.
____________________________** Todo esto se verá en el trabajo que presentarán B. de Rodrigué y E. Tabak. "Enfoque subjetivo de un grupo de experiencia". (N del E. El trabajo de refrencia se publicó en el libro El grupo psicológico de L. Grinbreg, M. Langer y E. Rodrigué, Ed. Nova Bs. As. 1959.)