Tal vez resulte hoy poco vigente tratar de levantar la bandera de la
tragedia griega en momentos donde lo mediático suple tantos pensamientos que
nos podrían relacionar con "algún compromiso", pero quizás con un poco de
paciencia podamos llegar a un acuerdo, o por lo menos saber que no lo
estamos y en que, en cuanto a la certeza de comparar un relato de Sófocles
con las Madres de Plaza de Mayo y además decir que se juega una situación
puramente analítica.
Muy a nuestro pesar, esto hay que decirlo, es lamentable como conmueve la
vigencia de la tragedia en nuestros días. Sófocles, al mejor estilo de
Discépolo(1), nos narra la historia de "Antígona", su necesidad imperiosa de
enterrar a un ser querido muerto mas allá de las amenazas impuestas por las
prohibiciones de Creonte, un rey totalmente confundido y para el caso necio,
ya que solamente cree en la verdad que tiene ante sus ojos y no en la que se
puede buscar.
Hay muchas maneras de decir lo que pasa y luchar por ello. Pero quizás no
sean muchas las maneras de seguir y de insistir y retornar desde un lugar
diferente en busca de la verdad. La soledad no es buena compañera en los
casos en que hay todo un universo en contra de esa verdad "a descubrir" y
más allá de la certeza de los canallas, justamente por la autoría, la
respuesta empieza a ser un enigma inevitable para "los no enterados" que
hasta miran con fastidio la manifestación por el descontento.
De pronto comienzan a aparecer esbozos de verdad -esa que crece poco a poco
y siempre de lo impensado- y ya son no pocos los que empiezan a acordar con
ciertas "locuras" que antaño no daban ningún tipo de credibilidad. Así todos
hablan de "lo antes prohibido" y lo que es peor, algo que antes era
caratulado de relato psicótico (Eso es una locura!!! o su homónimo "algo
habrán hecho..."). Y aunque algunos liberales hoy nieguen y luzcan el lugar de
reales psicóticos sabemos que no lo son porque a diferencia de los "locas
anteriores", cuya verdad fue develada poco a poco, estos segundos "aparentes
psicòticos" son en realidad perfectos perversos ya que sabían y saben muy
bien cual es el tema antes de que la verdad fluya poco a poco a veces en
cámara lenta pero nunca dispuesta a retroceder.
Se ha hablado bastante de la comparación de Antígona con las madres de plaza
de mayo y tal vez sea importante realzar una vez mas, por que no, esa
similitud en busca de una verdad.
¿Por que el sentido de esa comparación con la tragedia de Sófocles? Pues por
la búsqueda de la verdad a partir del “no-cumplimiento” de una ley
totalmente violada (valga la redundancia) y por tratar incansablemente de
simbolizar a través de la búsqueda.
Un trabajo totalmente analítico si se tiene en cuenta el "recorrido" que se
utiliza para ir llegando lentamente al nódulo de la cuestión.
Muchas veces se pregunta la diferencia entre del psicoanálisis y otras
terapias e incluso se critica la falta de practicidad (lo paradójico es que
esto ultimo esta relacionado con el tiempo de duración y no con el
conocimiento del porqué de la duración) y la cuestión elitista nunca quedará
de lado ya que se ha llegado a decir "que no es para cualquiera" que tiene
que ver con un nivel cultural.
Por supuesto que de lo dicho se podrìa hacer un libro con cada respuesta
pero no es el tema convocante en estos momentos asì que habrà que limitar la
respuesta. Cuando en realidad se dice que "no es para cualquiera" tal vez se
haga referencia en especial a "la valentía" de esas “pacientes-personas”,
pacientes, que inician una búsqueda para llegar a una verdad. Verdad que "no
siempre es lo que se quiere escuchar" y en ese sentido se podrìa decir que
lo elitista no estaría determinado por una cuestión cultural precisamente
sino por una postura de vida, que no es poco.
En cuanto a la practicidad, nunca tan bueno el ejemplo en defensa del
psicoanálisis de las madres de plaza de mayo, y su búsqueda incansable a
partir de un recorrido silencioso teniendo como objetivo principal la
verdad. La única que puede poner en su lugar algunos elementos psíquicos que
no lo estarán mientras no se tenga que hacer con ellos.
Como "antígonas" buscando enterrar a sus muertos, contra todo, contra todos,
lo entiendan o no, pues porque no hay sentido sin ese sentido. A partir de
una muerte solamente hay cierre empezando por el entierro y duelo. Lo demás,
que antes hayan estado “bailado solas” y que ahora tengamos la posibilidad
de participar en un discurso antes vedado sería solo un detalle...
(1) Discépolo, Enrique Santos (1901-1951), autor, compositor, músico,
dramaturgo y cineasta argentino.
(*) Miembro de la “Defensoría del Menor”, Secretaría de DD.HH. S.U.T.E.B.A
Almirante Brown. Buenos Aires. Argentina.
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