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Y en el papel de Demi Moore: Demi Moore

Julio Ortega Bobadilla

(Passion of Mind, 2000 .Estados Unidos. 105 min. Color.)

En este momento, la cartelera de cine brinda al espectador dos cintas que están relacionadas con los laberintos de la mente humana y el psiquismo inconsciente: The Cell y Passion of Mind. La primera de ellas, innovadora visualmente y a la vez, sumamente desagradable por su grado de crueldad. La segunda simplemente mediocre.

Para todos aquellos psicólogos mexicanos que piensan que el psicoanálisis es una reliquia y que debiera dejarse totalmente de lado en el currículum de la enseñaza de la psicología, se ofrecen dos cintas curiosas que revelan que es actual el interés —a pesar del avance tecnológico—, por la investigación del Inconsciente tal y como lo concibió Sigmund Freud. Ambos filmes demuestran una lectura más allá de las tapas de la Traumdeutung (La interpretación de los sueños 1900) y la admisión de que más allá de la mente consciente y la racionalidad, se halla un mar profundo e ignoto de fantasías y sueños que la psicología conductista y cognitiva no puede explicar o decide ignorar sin más, cediendo el terreno de la psicología a los chamanes, astrólogos y demás psicoterapeutas alternativos.

Nos ocuparemos en este comentario de: Passion of Mind. La escena inicial arranca en la campiña francesa dónde una mujer físicamente perfecta como la Moore —quien ha desempeñado en más de 30 largometrajes papeles que van desde poseída (Seventh sign 1988), desnudista (Striptease 1996), hasta soldado (G.I. Jane 1997), sin poder borrar su imagen de sex-symbol para convertirse en verdadera actriz—, juega el papel de una intelectual crítica literaria que tras la muerte de su marido se ha recluido junto con sus dos hijas a la tranquila vida campirana y desde ahí destroza los libros de quienes sí se atreven a escribir.

Demi como Mary, lleva una vida alejada del mundanal ruido, de la Ciudad Luz y del amor carnal. Devota madre dedicada al cuidado de dos pequeñas idénticas a ella, ha decidido no volver a posar los ojos en ningún hombre y disfrutar de las cosas sencillas que la vida ofrece, en compañía de su familia y una amiga madura que gusta de tomar el whiskey como si fuese un simple refresco. Sin embargo, por las noches sueña que es una ejecutiva editorial que lleva una vida sexual desenfrenada y que no tiene más ataduras a la vida que lucir sus lentes obscuros Gucci y exhibir su cuerpo de diosa ataviado con las últimas creaciones de Paco Rabanne. Demi como Marty, sueña a su vez, que la vida tiene sentido merced al amor a su familia y en el curso de su sueño conoce al escritor William (Stellan Skarsgård, uno de los más serios actores suecos y desperdiciado en esta cinta) que inyecta poco a poco humanidad y ternura a la vida triste de Mary haciéndola ceder a un amor de novela.

Sin embargo, Marty topa también en su vida con Cupido, a través del encuentro con un abogado judío humanitario —¡aunque usted no lo crea!— de nombre Aaron (William Fichtner) que descubre a ella misma su verdadera personalidad y el vacío existencial que la aqueja, más allá de las habilidades de su moderno, grosero y chapucero terapeuta que se burla de su situación en vez de ayudarla. La trama nos muestra también a Mary conectada a la consulta de un viejo psicoanalista vienés que está construido sobre la imagen de Marie Langer, una inolvidable y verdadera psicoanalista, sensitiva y humana, que fue maestra de varias generaciones de analistas, incluyendo al autor de estas líneas. Joss Ackland en el papel del Dr. Langer la escucha sin censurarla y dar su opinión, a diferencia del pretencioso y desagradable Dr. Peters familiarizado con las nuevas técnicas psicológicas tan viejas como los consejos de la abuela. Sin embargo, Langer no resuelve el enigma que se le plantea, pues sólo el camino del amor verdadero —y una intuición envidiable— es el que puede conducir a la emocionalmente inestable Afrodita Demi Moore a escoger entre vivir en París o en Nueva York y llevar una vida sin más tormentas como la que desearía tener la propia actriz, cuya vida personal es caracterizada por el escándalo.

Ya Platón (La República. Libro X, Capítulo 9) expresaba que: “Hay en todo hombre, aún en aquellos de nosotros que parecen mesurados, una especie de deseo temible, salvaje y contra ley, y [...] ello se hace evidente en los sueños”. También la misma Biblia trató a los sueños como el lugar topológico de la verdad. Sin embargo, corresponde a Freud el mérito, al escribir su formidable obra sobre los sueños, de poner a los occidentales de nuestra época al tanto, de que, el sueño es el lugar de los impulsos reprimidos, el guardián del dormir y la veracidad del sujeto, a través de los mágicos escenarios en los que actúan los visitantes de la noche, que no son más que representaciones de uno mismo.

Para recalcar la importancia del psicoanálisis y su descubrimiento del Inconsciente, citemos a Foucault que en una entrevista con los japoneses Shimizu y Watanabe, publicada el 12 de diciembre de 1970, ha calificado el aporte freudiano como una elección original a la par de Parménides, Platón, Aristóteles, Descartes, Kant y Hegel, y profundizado sobre el tema, ha afirmado con decisión: “Pensándolo bien, una elección como la llevada a cabo por Freud es bastante más importante para nuestra cultura que las elecciones filosóficas de sus contemporáneos, como Bergson y Husserl”.

No pretendemos cansar al lector con citas, volvamos a la película: el problema para Demi es saber cuál es su deseo y distinguir entre la realidad y el sueño, porque los dos personajes se parecen tanto y viven tan de maravilla, que es difícil renunciar a alguna de las dos máscaras.

Así, el dilema es cuál de las dos Demis es la verdadera porque, a decir verdad, las dos parecen bastante falsas y artificiales al cinéfilo, que observa una desabrida actuación más de la Moore, haciendo como en todas las cintas en que participa: su propio papel (quizá la única película salvable dónde ella no parece maniquí sea Ghost, 1990).

La cinta titulada al español como “Pasiones Ocultas”, merced a que los traductores de títulos de películas consideran siempre estúpido al espectador siendo ellos los estúpidos (Bautizaron The Cell como La célula en lugar de La Celda que sería lo correcto), es el primer largometraje en inglés de Alain Berliner, autor de una cinta mucho más ingeniosa y profunda: Ma vie en Rose (1997) que le ganara un premio de la Academia del film Europeo, mostrándonos el mundo psíquico y las dificultades familiares de un niño con fuertes tendencias homosexuales.

Berliner, ha corrido la suerte terrible de otros artistas europeos cuando filman en los Estados Unidos bajo el star-system . Al mismísimo filósofo del cine sueco Ingmar Bergman le sucedió este percance al filmar The Touch (1976), dónde la sin par Bibi Andersson comete la gansada de dejar a su marido el Dr. Max Von Sydow, por un actor pésimamente elegido para el papel —el malogrado Elliot Gould— en una película que, francamente, no parece de Bergman.

El cineasta francés ha pagado cara la osadía de intentar conquistar las pantallas de Hollywood. El guión no carece de ingenio y de originalidad, nos preguntamos que hubiera sido de la historia si el director no hubiese estado sometido a las presiones que imaginamos ha sufrido en la llamada: “Meca del cine”.

El film juega con la ambigüedad del deseo humano que hace por momentos difícil la distinción entre realidad y fantasía, de una manera que ha sido mejor explotada en la simplemente perfecta The Sixth Sense (1999) del director M. Night Shyamalan que hace actuar a Bruce Willis (ex - esposo de la muñeca Demi, que casó con él en una célebre boda presidida por ¡Little Richard!), fuera de los esquemáticos papeles de policía rudo (Die Hard 1, 2 y las que vengan) o delincuente pagado de sí mismo (Hudson Hawk 1991 , The hole nine yards 1990) que con tan poco tino escoge el talentoso actor, cuyas habilidades ha sido gastadas en infinidad de filmes que anteponen los resultados de la taquilla al desarrollo del séptimo arte.

Conviene a Berliner tomar la lección muy en serio y volverse a Europa para jamás pisar de nuevo las tierras de la comida plástica y los filmes hechos en serie, se le recomienda, asimismo, escoger mejor a sus actores entre gente que no parezca de cartón, entonces, quizá pueda entonces volver sobre sus pasos y producir algo interesante.

 

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